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¿Pa’ qué estudiar si de este colegio nadie ha entrado a la U?: Ranking de notas y expectativas

Columnas de opinión

30 julio, 2012

Probablemente usted puede recordar sus tiempos de adolescente, sentado en una sala de clases divagando sobre qué profesiones le parecían más interesantes, posibles, rentables o entretenidas. Esta proyección de futuro se transforma en una de las principales motivaciones para el esfuerzo que los estudiantes invierten en el aprendizaje. El colegio, especialmente hoy en día, es […]



Probablemente usted puede recordar sus tiempos de adolescente, sentado en una sala de clases divagando sobre qué profesiones le parecían más interesantes, posibles, rentables o entretenidas. Esta proyección de futuro se transforma en una de las principales motivaciones para el esfuerzo que los estudiantes invierten en el aprendizaje.

El colegio, especialmente hoy en día, es parte de un proceso educativo que no termina allí, sino que continúa con la formación superior. Incluso los estudiantes que optan por liceos técnico profesionales tienen la expectativa de especializarse en sus áreas después de egresar. La promesa de futuro y de “ser” el día de mañana lo que soñamos ha motivado a muchos en su etapa escolar, a estudiar y a esforzarse para lograr entrar a la universidad.

Lamentablemente, en Chile este proyecto de futuro no existe en todos los colegios. Hay establecimientos en nuestro país donde nunca nadie ha entrado a la universidad o donde muy pocos lo logran. La lectura lógica de los niños y jóvenes de esos colegios, es: “Si ningún compañero nuestro ha entrado a la universidad, entonces, ¿para qué estudiar?”.

Asimismo, los docentes y directores de estos colegios muchas veces también caen en la desesperanza desde la convicción de la falta de capacidades de sus alumnos. En este contexto, la realización del trabajo pierde sentido y deja de ser parte de un “proceso educativo” con continuidad. Se transforman en establecimientos sin futuro y llenos de sueños truncados para aquellos que, en algún momento, quisieron ser profesionales.

Si bien el desinterés por el estudio es un tema complejo que deriva de la calidad docente y de las problemáticas sociales de los estudiantes (entre otros), la incorporación del ranking de notas al sistema de ingreso a la universidad contribuye a devolver la esperanza en un futuro posible.

La selección por ranking incluye el factor del esfuerzo, la disciplina, la resiliencia, el gusto e interés por el estudio. Los mejores estudiantes de cada colegio –que pueden tener notas aproximadamente desde 5.5 hacia arriba dependiendo de los establecimientos– tienen estas características. Se abre así la oportunidad de que algunos estudiantes de colegios sin esperanza puedan empezar a ingresar a la universidad.

Estamos hablando de los egresados más talentosos y esforzados de sus generaciones, con una PSU bajo el promedio que, por la mala preparación escolar y por no tener acceso a un preuniversitario, no les alcanzaría para acceder a estudios superiores. Con el sistema de ranking, sí les alcanzaría y las investigaciones garantizan que, en la gran mayoría de los casos, estos alumnos tendrán un desempeño destacado en sus carreras y finalizarán el proceso universitario exitosamente.

El ranking aumenta la posibilidad de que más establecimientos en nuestro país tengan la oportunidad de tener entre sus egresados, estudiantes que acceden con orgullo a la universidad.

A nivel escolar el impacto de esta medida es muy importante. Hay consenso entre los expertos en que esta medida contribuye a la calidad y a la equidad del sistema educativo, además de estudios que muestran que la posibilidad de ingreso a la universidad de estudiantes en colegios en los que esto no sucedía, ha elevado tremendamente la expectativas, especialmente de los profesores y apoderados respecto a las capacidades de sus estudiantes.

Sabemos que la calidad del trabajo docente depende de muchos factores: sueldos dignos, disminución de horas lectivas, liderazgo directivo, etc. Pero la expectativa de acceso de los estudiantes a la universidad, genera un fuerte cambio de actitud, de gestión y de compromiso de los docentes en su trabajo y en su relación con los estudiantes, transmitiéndoles que ellos pueden llegar lejos. La expectativa, le ha dado sentido a la enseñanza y al aprendizaje y en algunos años ha implicado un alza generalizada de estos colegios en los resultados Simce.

Con el mecanismo del ranking se les está devolviendo a muchos niños y jóvenes, la posibilidad de soñar con ser el día de mañana lo que quieran ser y creer entonces que vale la pena aprender y estudiar.

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