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Maníaco-depresivo

Noticias sobre educación 2020

13 septiembre, 2010

Columna de Mario Waissbluth publicada en The Clinic el 1º de septiembre.Así me siento con los anuncios del gobierno en educación. Transcurridos 6 meses, el bombardeo de anuncios ha sido intenso y confuso. Una vez terminada la gran epopeya de meter los alumnos a clases (¿a guardería?), los ciudadanos todavía carecemos de un balance preciso. […]



Columna de Mario Waissbluth publicada en The Clinic el 1º de septiembre.

Así me siento con los anuncios del gobierno en educación. Transcurridos 6 meses, el bombardeo de anuncios ha sido intenso y confuso. Una vez terminada la gran epopeya de meter los alumnos a clases (¿a guardería?), los ciudadanos todavía carecemos de un balance preciso. Las cerca de 4.000 escuelas dañadas o destruidas ¿están normalizadas o en estado de previsible precariedad? ¿están regularizadas las clases o están los alumnos hacinados? ¿cuánto iba a costar la reconstrucción escolar y cuánto se ha gastado? Ojalá pudiéramos saberlo.

Luego, vino el envío de un proyecto de Ley de Aseguramiento de la Calidad al Congreso, tan técnicamente débil como el que había enviado la Concertación. Pero fue una nueva oportunidad fotográfica. Agarrones para la galería en la Cámara, y recién ahora la Comisión Mixta está viendo cómo mejorarla. Si resulta una Agencia para la Calidad y una Superintendencia sólidas, no burocráticas, y con recursos, bien. Si no, se habrá anunciado que se resolvió un problema… sin resolverlo. Lo mismo podría pasarnos con la tantas veces anunciada Ley de Fortalecimiento de la Educación Pública (que más bien debiera llamarse Ley para Arreglar la Anquilosada Institucionalidad de los Sostenedores Municipales).

Otro momento de euforia nos llegó el 21 de Mayo. La fuerza de la denuncia en el discurso presidencial, y los grandes trazos de la política educativa ahí planteados, nos dejaron felices. Pero luego comenzaron los anuncios cosméticos, como los Liceos de Excelencia (que con mucha suerte van a cubrir al mejor 1% de los estudiantes de media, pero que nos darán para una verdadera epidemia de cortes de cinta con casaca roja); los universalmente criticados semáforos del SIMCE, y los regalos de laptops y carros de supermercado para los colegios de “semáforo verde”. Muchos de estos colegios, si se les descontara el factor vulnerabilidad social o selección de alumnos, habrían resultado amarillos o rojos, y otros semáforos rojos habrían sido verdes.
 
SIMCE de inglés, bien, nadie podría decir que no sirve, pero en el orden de las prioridades estaría en vigésimo lugar porque ya sabemos su resultado. Horas deportivas, muy bien, aunque horas dedicadas a mejorar la lectoescritura en básica parecería bastante más urgente en un país donde el analfabetismo funcional bordea un pavoroso 50%. Nada podría ser más urgente que iniciar un programa masivo de lectoescritura en educación básica, pues sin ello, el resto vale sorbete u hongo. Ni haunque después lleguen a la unibersidad a hestudiar, como tanto le gusta presumir a algunos autocomplacientes.
 
Posteriormente, los resultados del Panel de Expertos, cuyo trabajo seguimos de cerca, nos ilusionaron, aunque su mandato está muy acotado temáticamente. El anuncio de las becas de pedagogía, aunque perfectible, va en la dirección correcta, pero se generó bastante confusión al plantearse en forma aislada, sin completar el paquete de medidas de formación docente: revisar la dudosa acreditación universitaria, mejorar las escuelas de pedagogía, dar alguna indicación sobre las condiciones laborales y remuneraciones para un buen profesor en la nueva carrera docente.
 
Del crucial tema de la educación técnica, tanto media como superior, no se ha oído. De aumento de cobertura preescolar, tampoco, y las desafortunadas declaraciones de la Directora de la JUNJI no ayudaron. Este partido se juega, en lo medular, en la educación preescolar, la básica y la formación técnica.
 
La euforia me llegó con el reciente anuncio de aumento en la subvención preferencial, aquella dirigida a los alumnos vulnerables. Top. Pero me duró como 30 segundos, pues en el párrafo siguiente leí con terror que el Presidente preanunciaba la “subvención para la clase media”. Por supuesto, “subvención para la clase media” suena bonito, y compra votos, pero veamos los números: un 20% de aumento en la subvención preferencial va a significar cerca de US$ 75 millones de dólares anuales. No sabemos cuánto ni de qué manera será esta anunciada “subvención para la clase media”, es decir, la subvención regular de todas las escuelas. Digamos, por ejemplo, un 10%. Esto equivaldría a cerca de US$ 300 millones de dólares, y sería una fenomenal política de des-focalización del gasto social, por mucho que ambas se sumen en las escuelas vulnerables. De la proporción entre ambas cifras deduciremos la verdadera voluntad del gobierno de corregir la inequidad educativa.
 
Le suplico encarecidamente al Congreso que antes de aprobar ninguna subvención exija revisar una propuesta integral respecto de la estructura de financiamiento de la educación, pues ir aprobando pedacitos puede dejarnos peor. ¿Qué va a ser esto de la subvención para la clase media? ¿Cómo se van a financiar las mejoras de remuneración asociadas a la nueva carrera docente y directiva? ¿Cómo se van a financiar los imprescindibles fondos de retiro y jubilación digna de docentes que nos escriben todos los días preguntándolo? ¿Los retiros de directivos con salarios apernados por ley?
 
Ahora, el nuevo momento Kodak es la cosmética del bullying. Nadie duda que es un fenómeno mundial, un grave problema que hay que enfrentar. Distribuir cartillas e instructivos, nadie podría objetarlo. Pero multar a escuelas vulnerables por este asunto bordea en lo sicótico, la teoría añeja y obsoleta de que los sistemas educativos evolucionan en base a zanahorias y garrotes. Es como vender el sofá de don Otto. A las escuelas vulnerables hay que ayudarlas, no multarlas. Y si no les gusta lo que hace el director, cámbienlo, pero no le quiten recursos a los niños vulnerables, por favor.
 
Lo peor es que esta forma de abordar el bullying nuevamente le saca el bulto al meollo del problema: son los directivos escolares con liderazgo y pasión, que generan un ambiente de rigor, aprendizaje y autoconfianza en los profesores, apoderados y alumnos, la mejor herramienta en el corto plazo para mejorar los resultados de aprendizaje, controlar el bullying o las drogas, y en general, crear una comunidad de convivencia constructiva. Los datos lo confirman, nuestras vivencias cotidianas visitando escuelas lo confirman, y hasta hoy, la política gubernamental en esta materia ha sido cero, nothing, rien, nicht. Se requiere con urgencia una política integral de formación, remuneración, retiro, certificación y nuevos procedimientos de selección de directivos, con costos políticos y financieros comparativamente menores.
 
La inacción en esta materia es casi incomprensible. Así fue en el gobierno de la Concertación y paradojalmente, en el gobierno de la Alianza, presumiblemente el gobierno de la “mejor gestión”, que debiera preocuparse de manera central de la calidad directiva en escuelas y en sostenedores… cri cri. En tres ocasiones nos hemos reunido con el Ministro y/o sus asesores para insistir en el tema, entregar propuestas concretas, y todavía… cri cri. O tal vez sea una sutil manera, por omisión, de “dejar caer” la educación municipalizada. No sé, a lo mejor lo maniaco depresivo se me está convirtiendo en paranoia.
 
En suma, un escenario caracterizado por una suma de anuncios aislados, otros contradictorios, y otros ausentes. La reforma educativa que requiere Chile es de gran envergadura, sistémica, costosa y políticamente compleja. Para ello hace falta una hoja de ruta integral y un presupuesto, que le de claridad a todos los actores – incluyendo el gremio – acerca de una visión de futuro atractiva, y el conjunto completo de medidas programáticas e institucionales que se van a desarrollar, en qué secuencia, a qué costo, e idealmente de aquí al 2020. Esto reduciría incertidumbres, y contribuiría a la generación de los indispensables consensos políticos que constituyen la viga maestra de la reforma educativa.
 
¿Dónde está el relato? ¿Dónde está el Plan de Reforma Educativa? ¿Cuánto vale el show? ¿Cuánto atraso nos está costando el show? Cada año siguen egresando de básica cerca de 150 mil escolares que no entienden lo que leen, con nula confianza en si mismos y que, salvo casos excepcionales, tienen su futuro comprometido para el resto de su vida.

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