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Los nuevos desafíos del histórico Liceo Experimental Artístico

“Yo era de Arica y todo indicaba que sería abogado. Un día fui a ver una obra de teatro -Romeo y Julieta- y cambió mi vida: me vine a Santiago a estudiar arte”, recuerda Marco Llerena. La idea no le gustó a sus padres, que esperaban que cursara una carrera tradicional. Pero Marco no se […]



“Yo era de Arica y todo indicaba que sería abogado. Un día fui a ver una obra de teatro -Romeo y Julieta- y cambió mi vida: me vine a Santiago a estudiar arte”, recuerda Marco Llerena. La idea no le gustó a sus padres, que esperaban que cursara una carrera tradicional. Pero Marco no se desanimó. Estudió, egresó y se insertó en el circuito cultural. Hoy es director del histórico Liceo Experimental Artístico, LEA. Un cargo que lo tiene lleno de desafíos.

El LEA nació en los años 40, como un liceo público cuyo fin era “salvar a los niños a través de las artes”. Ha formado destacados artistas y hoy su foco -asegura el director- está en brindar una educación integral. La enseñanza comienza en tercero básico, con los ramos tradicionales más un cariz exploratorio, hasta que en sexto se elige una de las tres especialidades: artes musicales, escénicas o visuales. En cuarto medio cada joven egresa con un título técnico artístico.

“El arte es fundamental para el desarrollo integral de niños, niñas y jóvenes, al desplegar habilidades como la creatividad, la perseverancia, la colaboración o la responsabilidad. Aspiramos a que cada colegio garantice ese desarrollo integral, sin perjuicio de que también existan escuelas o liceos de formación artística”, explica Lorena Jiles, profesional del Centro de Liderazgo Educativo de Educación 2020, consultada por el valor de las artes en la educación.

Rubén Mercado, también de Educación 2020, agrega: “en colegios con énfasis artístico se respetan las culturas juveniles y su relación con el mundo adulto es mucho más horizontal”. Lo que se reconoce en el LEA: aquí no se coarta la identidad de chicos y chicas, que no usan uniforme ni se les exige corte de pelo y mantienen un trato horizontal con sus docentes.

Benjamín cuenta que hace unos años iba en el INBA, pero no le gustaban sus profes. “Eran muy autoritarios”. Le pidió a su mamá cambiarse al LEA, ella no quería, temía que no lo prepararan bien para la PSU. Benjamín insistió y ahora cursa segundo medio en liceo artístico, disfruta la convivencia con sus profes nuevos y espera seguir estudiando algo relacionado con la música.

La historia de Joaquín es similar. Estaba en el Liceo de Aplicación. Quería cambiarse al LEA porque una prima había estudiado aquí y le contaba maravillas del colegio. Con dificultad convenció a sus papás y de a poco su formación autodidacta en guitarra se fue especializando. Siente que aquí las relaciones “son más compatibles con mi filosofía de vida”. Este año sale de cuarto medio y también quiere seguir formándose en la música.

“Muchos papás se asustan con la vocación artística”, dice Llerena y piensa que no debería ser así si hay talento, si reciben una buena formación. La historia les ha mostrado que sus estudiantes ingresan con buena base a conservatorios como el de la Universidad de Chile. Hoy, la meta del director es sellar alianzas de ingreso especial con distintas universidades y con el mundo empresarial vinculado a la cultura. Cercanía que ya se da, porque la mayoría de quienes egresan del LEA hacen su práctica en espacios como el GAM o continúan en la educación superior. En general, con becas.

Ésa es una de las preocupaciones de Llerena, la otra fuerte es levantar al liceo, que atraviesa una profunda crisis.

Salvar al LEA

Varios factores mellaron las relaciones al interior de la comunidad “leana”: el terremoto del 2010, que afectó la infraestructura del establecimiento de Mapocho; las movilizaciones del 2011, que atrincheró a la comunidad en distintas posiciones; el desapego del Mineduc como sostenedor del colegio y la campaña comunicacional “Salvemos al LEA”, que ayudó a que el liceo consiguiera un nuevo edificio donde funcionar -en Maipú- pero dividió aún más las posiciones.

Hoy, el liceo funciona en un establecimiento provisorio bastante grande, que les permite desplegar sus talleres con comodidad. Además, ya ingresó al Ministerio de Obras Públicas el proyecto de demolición de la histórica sede Mapocho para reemplazarla con un nuevo Liceo Experimental Artístico. En tres años más, la maqueta debería ser una realidad. Estos avances ayudan a cicatrizar los daños.

A nivel relacional, estudiantes y docentes forjan estrategias para recuperar la confianza. En unas semanas más habrá elecciones de centro de estudiantes y varias listas incluyen en sus petitorios acciones para la reconciliación. Se enfatiza lo que todos y todas quieren en común: “tirar pa’arriba el liceo” y hacerlo cada día mejor.

“Yo vivo en Quilicura, paso más tiempo aquí que en mi casa”, reflexiona Gustavo, uno de los jóvenes que participa con una lista en las elecciones. Cualquier persona espera que los lugares que transita sean amables. El director, Marco Llerena, también. Quiere que el contexto sea afable para seguir con su proyecto educativo. “El arte es integral, aumenta el capital cultural y da pensamiento crítico. Este liceo es único en el país, pero su modelo de educación debiéramos aspirarlo para todos los niños de Chile”.

Foto: «Alterna» por alterna licencia bajo by-nc-nd 2.0.

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