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Los 7 pecados capitales de la acreditación en la educación superior

Columnas de opinión

27 noviembre, 2012

«En Chile, es obligatorio que los restaurantes cumplan con las normas sanitarias. Por lo tanto, si hay un restaurant abierto, es razonable asumir que se cumplen las normas mínimas para que ese establecimiento funcione. No pasa lo mismo con educación. En nuestro país, que un estudiante haya asistido a clases por 5 años, rendido pruebas […]



«En Chile, es obligatorio que los restaurantes cumplan con las normas sanitarias. Por lo tanto, si hay un restaurant abierto, es razonable asumir que se cumplen las normas mínimas para que ese establecimiento funcione. No pasa lo mismo con educación. En nuestro país, que un estudiante haya asistido a clases por 5 años, rendido pruebas y pagado un arancel por un total de más de $10.000.000 no implica que haya recibido una educación de calidad ni que tenga las competencias necesarias para ejercer su profesión. En resumen, el chileno tiene más garantías de que su comida esté en buen estado en un restaurant, a que su educación universitaria valga de algo.

Es fuerte aseverar que nuestro sistema de acreditación es una vergüenza, pero estas afirmaciones no se hacen de manera liviana. A continuación, los 7 pecados capitales que hacen llegar a esa conclusión:

1.    La acreditación es voluntaria para la gran mayoría de las carreras. Ante los fuertes cuestionamientos que ha recibido el quehacer de las instituciones de educación superior debiese ser obligatorio someterse al proceso.

2.    Los criterios de acreditación son vagos y subjetivos, dejando un amplio margen a la interpretación personal por parte de los pares evaluadores que pueden favorecer a instituciones similares a las propias y perjudicar a aquéllas que cumplen misiones distintas.

3.    No hay herramientas para sancionar a la institución en el caso en que no se someta a la acreditación o si ésta es rechazada. Sólo se establece, para el caso de pedagogía y medicina, se exige que la carrera esté acreditada para que sus estudiantes puedan acceder a financiamiento estatal. Lo mínimo sería que la falta de acreditación tuviese consecuencias tales como el cierre temporal de la carrera.

4.    La acreditación se ha transformado en una herramienta publicitaria que desorienta a los jóvenes. Las Instituciones de educación superior sólo promocionan la “parte” de la información que les favorece. Las universidades e institutos publicitan su timbre de “acreditada”, pero omiten cuidadosamente explicitar cuáles de sus carreras están acreditadas y por cuántos años.


5.    En caso de recibir una mala educación, no existe ninguna institución para reclamar posteriormente.  En Chile no existe ningún tipo de indemnización para los perjudicados y las consecuencias podrían pesar toda una vida.

6.    El sistema de acreditación no es selectivo: de las carreras que se sometieron al proceso, el 97% fue acreditada al menos por un año (de un máximo de 7 años). ¿Para qué tener un proceso de evaluación, si vamos a aprobar a todo el mundo?
A los 6 pecados anteriores, este fin de semana se agregó uno que es la guinda de la torta:

7.    Este sistema de acreditación perdió toda credibilidad: las irregularidades que han sido denunciadas han desprestigiado aún más nuestro sistema de acreditación. Los cargos son de grueso calibre, y de ser probados pondrían en duda todas las acreditaciones entregadas hasta la fecha.

Si el entregar educación sin ninguna garantía puede ser considerado una vergüenza, cometer actos ilegales para obtener una acreditación que no se merece es derechamente ilegal. Si bien es necesario esperar que la justicia se pronuncie antes de condenar a nadie, el manto de duda que ha caído sobre la rectitud del proceso es la lápida de un sistema que está en entredicho desde hace mucho tiempo. Por eso, en Educación 2020, creemos que la única penitencia que podrá salvar al sistema de educación superior será cambiar radicalmente su mecanismo de certificación: ¡es necesario asegurar la calidad de nuestras carreras de educación superior!»

Vea la columna completa de María Fernanda Ramírez en Blogs La Tercera. 

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