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Libertad de Enseñanza, ¿de qué estamos hablando?

Columnas de opinión

31 agosto, 2011

Columna de Jimena Cosso y Valentina Quiroga publicada en El Dínamo el 31 de agosto de 2011. Uno de los ejes que la sociedad pone en debate es hasta qué punto la provisión de educación puede entenderse como un mercado. El diseño teórico original de nuestro sistema apostó a que la forma en la que los […]



Columna de Jimena Cosso y Valentina Quiroga publicada en El Dínamo el 31 de agosto de 2011.

Uno de los ejes que la sociedad pone en debate es hasta qué punto la provisión de educación puede entenderse como un mercado. El diseño teórico original de nuestro sistema apostó a que la forma en la que los establecimientos competirían por los alumnos sería entregando una mejor calidad de educación. Así, cuando los padres vieran que el establecimiento de sus hijos no funciona adecuadamente, ellos optarían por otro establecimiento, lo que provocaría que los buenos establecimientos permanecerían en el tiempo y que los malos se irían cerrando.

La evidencia muestra que esto no ha ocurrido así, lo que era bastante previsible. Por un lado, esto requeriría que la calidad fuera fácilmente observable, segundo que los padres efectivamente elegirían por ese atributo, pero la evidencia muestra esto no necesariamente es así y que peor aún los criterios de elección varían fuertemente con el nivel socioeconómico de las familias, siendo la cercanía el factor más relevante en los sectores más vulnerables. Por último esto además requiere que exista otros establecimientos para elegir, lo que en zonas aisladas no tiene ningún sentido.

Sin embargo, aunque esto hubiera funcionado de la manera prevista, nuestro sistema asume que la calidad es un atributo que sólo algunos establecimientos poseen y otros no y que la forma de alcanzarlo es mediante la libre elección de las familias.

A nuestro juicio todas las escuelas de Chile deben ser de calidad y los padres sólo deberían elegir por proyecto educativo y no por calidad del establecimiento. De lo contrario, y tal como ocurre hoy, el Estado termina traspasando la responsabilidad por la calidad educativa a los padres. Esto es tremendamente injusto en un sistema en donde además la posibilidad de elegir está reservada sólo para quienes puedan pagar.

Esto releva un tema de fondo: libertad de enseñanza. Es sabido que la libertad de enseñanza, consagrada en la Constitución, en la práctica no funciona y peor aún parece ser que está mal entendida pues varios la confunden con la libertad para abrir establecimientos y la diferencia entre ambas ideas es fundacional. Es así que hoy no existe libertad para elegir establecimientos por tres razones: 1. muchos de los oferentes son establecimientos que a pesar de recibir subvención del Estado cobran copago, 2. Muchas escuelas seleccionan a sus alumnos y 3. No en todo el territorio existe una Educación Pública potente para elegir.

El cobro hace que se vulnere el principio mismo de elección de los padres y lo que hoy a ha ocurrido, por la falta de un proyecto de educación pública atractivo, es que quienes asisten a ella son aquellos que no pueden pagar.

Lo que sí existe es la libertad de poner un establecimiento o “libertad de emprender”. En el último tiempo ha crecido considerablemente la oferta educativa, la cual no se basa ni en un diseño estratégico por parte del Estado ni en un crecimiento de la demanda pues, por razones demográficas, cada año tenemos menos niños en el país. La expansión se debe más bien al emprendimiento individual que enfrenta escasos requisitos para entrar a este “mercado”. Justamente la oferta que más ha crecido es la de establecimientos particulares subvencionados cuyos sostenedores, en su mayoría, tienen un sólo colegio, y pueden cobrar copago limitando de esta manera la “libertad de enseñanza”.

La sobre oferta de establecimientos sin planificación alguna produce que existan 4 o 5 colegios donde solo se necesitan 2, o que no haya oferta en algunos sectores por que no es rentable por la poca demanda. El exceso de oferta en un sector provoca que las escuelas ya existentes en esa zona pierdan matricula y que los nuevos establecimientos tampoco logren un número óptimo de matricula por aula.

La lógica de la competencia por matrícula sumado al régimen de co-pago acentúa la segregación social y limita la libre elección parte de los apoderados. Esto produce que la educación sea según clase social, eliminándose el efecto par y profundizándose la exclusión educativa.

Chile tiene uno de los sistemas educativos más segregados del mundo. Revertir esta situación requiere de la voluntad de todos y una redefinición profunda del rol que ha jugado el Estado. Es tiempo de soñar y creer que es posible construir un país más justo.

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