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Ley de inclusión habemus

Columnas de opinión

2 marzo, 2015

Por Mario Waissbluth, Presidente de Educación 2020. Publicada originalmente en Voces de La Tercera. Salvo eventuales (e improbables) objeciones en el Tribunal Constitucional, esta semana se aprobó un auténtico cambio de rumbo en el sistema educativo chileno. Digámoslo fuerte y claro, en Educación 2020 nos sentimos felices y orgullosos de haber contribuido a este proceso. […]



Por Mario Waissbluth, Presidente de Educación 2020. Publicada originalmente en Voces de La Tercera.

Salvo eventuales (e improbables) objeciones en el Tribunal Constitucional, esta semana se aprobó un auténtico cambio de rumbo en el sistema educativo chileno. Digámoslo fuerte y claro, en Educación 2020 nos sentimos felices y orgullosos de haber contribuido a este proceso. Mal podríamos no sentirlo así, si propusimos este – entre otros muchos cambios – en nuestra Hoja de Ruta de Abril del 2013 – que le entregamos a todos los precandidatos presidenciales – y fuimos activamente a la Cámara y al Senado a exponer propuestas para su perfeccionamiento, varias de las cuales fueron felizmente acogidas.

Una ley necesaria

Hasta hoy, Chile era el sistema más mercantilizado del mundo, lo cual en si mismo no es tanto pecado… salvo porque esos sistemas son extremadamente segregadores en lo académico y socioeconómico. Un insostenible apartheid escolar fue el resultado de décadas de aplicación del mismo, eso sin contar con la perversa y creciente pérdida de cohesión social del país, que comienza desde la sala cuna y el jardín. La vemos a diario en las calles y en los índices de desconfianza interpersonal que, no sorprendentemente, son tan malos como los indicadores de segregación.

En una entrevista reciente, el especialista finlandés Pasi Sahlberg lo dijo nítidamente: “somos muchos los investigadores que hemos dicho que Chile iba por la ruta incorrecta en sus políticas educativas. Ningún país del mundo ha sido exitoso con sistemas como el chileno”.

Los incentivos para “descremar” y así mejorar los resultados abaratando costos son demasiado fuertes. Según un estudio reciente de la UC, “uno de cada dos directores dice que incumple la ley actual y que aplica métodos de selección. Es por esto que lo que dice la Ley General de Educación (LGE) respecto a educación básica es letra muerta”. Las razones se explicarían por los fuertes incentivos que hay para realizar este proceso selectivo, “ya que si admites a niños más fáciles de educar, no tienes que contratar a especialistas, por ejemplo”.

La otra mitad de los directores, por supuesto, recibe a los “segregados para abajo”, y nadie piensa en ellos cuando se desgarra las vestiduras. “Los de arriba”… y “los de abajo” cuyo destino mayoritario será patear piedras y quedar relegado a la periferia de las ciudades y los empleos.

Complementos indispensables

También hay que destacar como una gran noticia los recientes anuncios preliminares, perfectamente complementarios a esta Ley de Inclusión, que ha dado la “Comisión SIMCE”, convocada por el MINEDUC desde hace meses, en el sentido de reducir la cantidad de pruebas, su frecuencia y la cobertura. Nuevamente, fuerte y claro: un exceso de pruebas SIMCE no sólo no mejora la calidad, sino que aumenta las conductas segregadoras del sistema, y de pasada destruye la calidad formativa integral. No la mejora, sino que la deteriora, y robotiza a profesores y alumnos. Corregir esto va a la vena de la calidad.

La pinza segregadora tiene 5 patas: lucro, copago, selección, SIMCE, y la más relevante: la competencia por el voucher o subvencion per capita, que es el motor económico que impulsa a las escuelas a segregar y destruye la colaboración entre ellas.El Ministro anunció en el Senado la idea de legislar para combinar subvención a la oferta con subvención a la demanda, morigerando así este problema. De cumplirse esta promesa, ahí sí que el cambio de rumbo del modelo sería definitivo y bienvenido, para retornar a la normalidad de la vasta mayoría de países de la OCDE.

Las mejoras pendientes

Quedaron aspectos de la ley que hubiéramos preferido modificar, y ya llegará el momento.

Uno: se perdió una gran oportunidad de parar la horrenda práctica de hacer exámenes de admisión a los postulantes al primer ciclo básico de colegios particulares pagados. Esto no tiene nada que ver con libertad de proyectos educativos, nada: es someter a apoderados y chiquitos de la clase alta a exámenes de admisión y torturas a los 4 o 6 años de edad, violando principios pedagógicos esenciales. ¿Para qué? ¿Para descremar y mostrar mejores resultados en SIMCE 2o Básico? Algún día habrá que enfrentar aun más en profundidad el apartheid de este 7% de la sociedad, también aberrante y anómalo.

El segundo es que la solución para los liceos emblemáticos ciertamente no fue la mejor, y está emblemática polémica, aunque abarque al 1% de los alumnos, persistirá por un buen tiempo.

El tercero es el que más nos preocupa. Se terminará con la mayor parte del copago el 2017, y eso puede poner en peligro la educación pública en muchas comunas. La muy mala gestión administrativa y pedagógica de algunos municipios (un tercio de ellos aproximadamente) no se soluciona únicamente con recursos financieros, ni menos en dos años, ni menos con el 50% de directivos escolares aun no concursados, muchos de ellos “apitutados”. Hubiéramos preferido por ello que se gradualizara el inicio del fin del copago. Los esfuerzos que habrá que hacer para fortalecer la educación pública en este período son masivos y urgentes, especialmente por la vía del recambio de muchos de sus directivos de escuelas y sostenedores, y el establecimiento de sólidos convenios de desempeño a cambio de recursos financieros. Esto no se resolverá en el corto plazo con la necesaria ley de desmunicipalización.

Pero en fin, cada día tiene su afán, y mi afán para estas vacaciones es tomarme una copa diaria para celebrar. Como lo dice la vasta mayoría de los especialistas en educación del mundo, el sistema chileno era aberrante. Hoy, lo es un poco menos.

Carta a las y los apoderados

Entiendo perfectamente sus temores. La comunicación no ha sido la mejor, de lado y lado. Entre abusos de lenguaje, como “retroexcavadoras”, “tómbolas”, y amenazas de cierres de escuelas, cualquiera se preocuparía.

Para que lo tengan claro, es bastante posible que el conflicto político no se haya terminado con la aprobación de la ley, y que ustedes sean un blanco predilecto. Es evidente que la oposición no sólo va a continuar sino posiblemente amplificar su campaña. Si yo fuera ellos, lo haría: no hay mejor estrategia para la próxima elección municipal que asustar a los apoderados de escuelas particulares subvencionadas, por mucho que se vayan ustedes a ver favorecidos con la disminución o eliminación del copago.

Si históricamente se han cerrado en promedio cerca de cien colegios particulares subvencionados por año, cien, sin que nadie diga nada y pocos se enteren salvo los damnificados, cada cierre del 2015 será convertido en una mega historia en la prensa, radio y televisión. Por favor, no se asusten. Estos cierres no serán consecuencia de la Ley de Inclusión, son y han sido la consecuencia de un mercado educativo espurio y mal regulado.

Si algún sostenedor les anuncia que cerrará la escuela, cosa que es difícil que ocurra con las reglas económicas recién aprobadas en el Senado, les ruego le pregunten si acaso no tiene la opción de ser adecuadamente compensado por el valor de su inmueble, y continuar ejerciendo su labor como sostenedor sin fines de lucro, debidamente remunerado, como ya hay muchísimos. Por ejemplo: la Sociedad de Instrucción Primaria o la Fundación Belén Educa. Y por último, si a este dueño no le da la gana, despues de haber sido compensado, de continuar ejerciendo sus labores educativas, no faltará la Corporación o Fundación dispuesta a hacerse cargo y continuar vuestro mismo proyecto educativo. Si así ocurre en Holanda y Bélgica, no se ve por qué no podría ocurrir aquí. Incluso ustedes mismos podrían formar una corporación para administrar su escuela.

Probablemente muchos de ustedes continuarán creyendo por largo tiempo que la mejor escuela es la escuela segregada. No podría ser de otro modo, han sido décadas. Todo lo que ocurrirá es que sus escuelas van a estar un poco más integradas, mucho más lentamente de lo que se imaginan, pues los chicos que ya están en las escuelas no se verán forzados a cambiarse. Y sus hijos aprenderán gradualmente a convivir y respetarse con compañeros de mayor diversidad socioeconómica y académica, como les ocurrirá más tarde en la vida de todas maneras.

Por cierto, no se dejen llevar por la peyorativa palabra “tómbola”, inventada por publicistas de la oposición. Suena a kermesse, ¿verdad? La vida es una tómbola, ¿verdad? Para que lo sepan y no se dejen engañar, el nuevo sistema de postulación escolar fue propuesto en el Senado nada menos que por el Centro de Estudios Públicos, think tank empresarial dirigido por el ex Ministro Harald Beyer. Se aplica, de similares maneras, en muchas ciudades norteamericanas.

En suma, ustedes, cuando tengan que postular un hijo/acuando tengan que postular un hijo a una escuela o liceo, cosa que tal vez no ocurra en varios años, podrán marcar su orden de preferencias, igualito que en la universidad. Se les facilitará la vida en el proceso, y no andarán corriendo de escuela en escuela con el corazon en la mano. a una escuela o liceo, cosa que tal vez no ocurra en varios años, podrán marcar su orden de preferencias, igualito que en la universidad. Se les facilitará la vida en el proceso, y no andarán corriendo de escuela en escuela con el corazon en la mano.

Por cierto, si alguien les insiste con la monserga de que se está estatizando la educación, matando la libertad de elección, o la libertad de proyecto educativo, contéstenle cortesmente que ya pare de gozar, que ustedes ya no se tragan el cuento. Estimados apoderados y apoderadas: tranqui, y vamos que se puede con la lista de mejoras de la calidad que ya tendrán que venir. Las más urgentes: carrera docente, fortalecimiento de la educación pública, perfeccionamiento y aceleración de los concursos directivos, desburocratización del sistema escolar, simplificación curricular, y un ambicioso plan nacional parvulario.

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