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La sala de clases: Creando una comunidad educativa en el preescolar

Columnas de opinión

30 abril, 2013

Por Tatiana Bacigalupe, educadora de párvulos y master en Ciencias de la Educación. Cuando comienza el año escolar, los profesores dedicamos al menos dos semanas a preparar la sala de clases. Al principio sólo tenemos muebles, materiales y un espacio vacío que nos permite pensar y reflexionar acerca de los aprendizajes y experiencias que vamos […]



Por Tatiana Bacigalupe, educadora de párvulos y master en Ciencias de la Educación.

Cuando comienza el año escolar, los profesores dedicamos al menos dos semanas a preparar la sala de clases. Al principio sólo tenemos muebles, materiales y un espacio vacío que nos permite pensar y reflexionar acerca de los aprendizajes y experiencias que vamos a planificar. En el mercado donde se venden materiales educativos existe un sinnúmero de adornos para preparar la sala de clases, sobre todo cuando son de educación de párvulos o de primer ciclo básico: Bordes de paneles que representan las estaciones del año, paneles para escribir los cumpleaños de los niños o los días de la semana. El objetivo principal de esta preparación no es la decoración sino que la creación de un ambiente rico en aprendizajes y experiencias.

Para generar un ambiente donde los niños se sientan parte, es clave la preparación de la sala de clases. Como profesores debemos generar una comunidad educativa dentro de la sala, esto nos permitirá ir formando una comunidad de aprendizajes, donde los niños pondrán poner en práctica conocimientos adquiridos, valores, creencias, y a la vez sentir que su voz es escuchada y valorada.

Para lograr esto, al inicio del año escolar podemos dejar espacios fijos en las paredes con el nombre de cada integrante del curso. Estos espacios se irán llenando a lo largo del año con los distintos trabajos que se realizarán. De esta manera, incentivamos a nuestros estudiantes a que nos ayuden a preparar la sala y, a la vez, les damos el mensaje que sus trabajos —y ellos mismos— son de suma importancia para dicho proceso. Las paredes blancas a la espera de sus creaciones los invita a hacer del lugar algo propio, con un sello individual, pero que a la vez forma parte de una colectividad.

Por otra parte, es importante tener un lugar que diga “Aquí estoy” con fotos, nombres o incluso autorretratos hechos por ellos. Este lugar les da la bienvenida cada día, pero también los ayuda a manejar la transición entre el colegio y la casa, y disminuir la ansiedad de llegar a un lugar nuevo y desconocido. Los niños cada mañana tienen el desafío de decir “estoy presente y listo para aprender”.

Estos pequeños detalles son además parte de la rutina que les permite entender el funcionamiento de la jornada y, por ende, anticipar lo que sucederá después. Es importante además tener un horario con las actividades del día que puede ser revisado en las mañanas o al final de la jornada. Se pueden también poner fotos de los profesores o especialistas que los niños verán cada día. La hora de música, educación física o cualquier actividad fuera de la sala puede ser un momento de estrés para muchos niños, por lo mismo, anticiparlo con fotografías y horario les permite prever cambio y aprender a autorregular la ansiedad que esto puede generar.

Ahora bien, generar una comunidad educativa no sólo se relaciona con materiales y preparación. Es importante también generar instancias donde los niños puedan discutir sobre sus intereses. En los primeros meses, por ejemplo, discutir cómo se sienten hace la diferencia con lo que va a suceder el resto del año. La separación no es fácil, por lo mismo hacer una lista con ellos sobre “lo que pudo hacer si extraño a…” los ayuda disminuir la ansiedad y autorregularse. Este espacio de discusión generado en las primeras semanas de clases permite que a lo largo del año exista un momento diario para que los niños discutan sobre temas de su interés y aprendan a escucharse, a respetarse y —por qué no– a debatir.

Finalmente debemos comprender que al trabajar con niños en edad preescolar es de suma importancia que nuestra sala de clases y nuestras actividades inviten a la exploración y al juego. En un inicio no sabemos la personalidad ni carácter de nuestros niños, pero sí conocemos las etapas del desarrollo físico, cognitivo y emocional de los niños. Si sabemos que en nuestra sala tendremos niños de 3 años, llenar el lugar con bancos y sillas no sirve de nada, incluso si tienen de 4, 5 ó 6 años. La sala de clases debe ser un lugar abierto, separado por áreas de trabajo (arte, juego dramático, puzzles, ciencias, escritura, etc.). Los muebles y materiales deben estar al alcance de los niños y, por lo menos, se debe planificar una hora donde puedan jugar y explorar libremente.

El ambiente dentro de la sala de clases es uno de los mensajes más importantes que reciben los niños por parte de los profesores. Una sala que los espera con sus nombres en los casilleros, que está a la espera de sus trabajos y que además los invita a explorar, será un mensaje que finalmente cree una comunidad educativa.

 

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