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La educación técnica profesional: clave para un desarrollo equitativo y descentralizado

Columnas de opinión

13 marzo, 2015

Por Humberto Vaccaro, profesor del Centro de Liderazgo Educativo de Educación 2020. En nuestro sistema escolar, el 41% de las y los jóvenes que terminan la enseñanza media provienen de la formación técnica, y un 90% de ellos pertenece a los 2 quintiles más pobres de la población. Además de esta segregación económica brutal, existe […]



Por Humberto Vaccaro, profesor del Centro de Liderazgo Educativo de Educación 2020.

En nuestro sistema escolar, el 41% de las y los jóvenes que terminan la enseñanza media provienen de la formación técnica, y un 90% de ellos pertenece a los 2 quintiles más pobres de la población. Además de esta segregación económica brutal, existe una segregación territorial, ya que un 70% de las y los matriculados en educación técnico profesional (ETP) proceden de sectores rurales.

Cada región a lo largo de nuestro país tiene cualidades culturales, geográficas y socioeconómicas muy diversas, y de manera más o menos participativa, realiza planificaciones de desarrollo regional. Asimismo, y coherentemente a ella, las comunas pertenecientes a una región determinada hacen planificaciones de desarrollo distintas.  

Uno podría esperar que los liceos técnicos de cada comuna, que insuman de personas con competencias específicas, tengan vinculación con las orientaciones productivas y de servicios territoriales. Vale decir, que la especialidad ofrecida a las y los jóvenes, tenga una proyección laboral concreta en su territorio. Lastimosamente esto es algo que se debe revisar, ya que existe una vinculación muy precaria entre las estrategias de desarrollo comunal y regional, y los proyectos educativos (salvo honrosas excepciones).

En nuestro trabajo en terreno nos hemos dado cuenta que se ofrecen carreras que no tienen campo laboral, no tienen una proyección territorial concreta e, incluso, ni siquiera cuentan con la motivación estudiantil para realizarla.

En caso de que exista coherencia entre la especialidad y las potencialidades del territorio, uno esperaría que exista conexión permanente entre el Liceo TP y el mundo del trabajo, industrial y empresarial, para revisar si las competencias que se fomentan o las tecnologías que se utilizan por especialidad son las adecuadas. Sobre todo en estos contexto de cambios tan vertiginosos.

Esto debería ser uno de los roles principales de las Secretarías ministeriales de educación en cada región, sin embargo, el potencial sinérgico y colaborativo entre empresa y los liceos técnicos, actualmente sólo se fomenta por el talento de algunos equipos de gestión de los mismos liceos, que son capaces de desdoblarse y organizar un consejo empresarial a pulso, invirtiendo mucho tiempo.

Más dramático aún, es cuando se evidencia que muchos de los Liceos TP, no cuentan con los elementos básicos de infraestructura, maquinarias y materiales para aprender de ¡verdad! competencias técnicas de su especialidad que les permita valerse laboralmente una vez terminados los 2 años de “especialización”.

En cuanto a los espacios de aprendizaje, el 48% de las y los docentes no cuentan con la especialización para ser docente TP y, más grave aún, el trabajo pedagógico de las asignaturas generales y de especialidad, no se articula concienzudamente con los perfiles de egreso por especialidad, que es el horizonte de habilidades que debieran fomentarse durante el proceso de formación por cada especialidad.

Esto no es responsabilidad exclusiva de las y los docentes: debiera haber una planificación estratégica institucional (sostenedor y equipos directivos), y acompañamiento de la gestión docente en el aula, para que no se pierda de vista el trabajo interdisciplinario que permita lograr las correspondientes competencias.

A estos elementos estructurales, debemos sumar algunos elementos culturales anquilosados socialmente. En nuestro trabajo diagnóstico en Liceos TP de La Araucanía, en conjunto con Fundación Luksic, jóvenes de especialidades TP, nos comentaban que les gustaría ser tratados de la misma forma que a sus compañeros científicos humanistas, respecto de las expectativas hacia ellos. A modo de ejemplo, en un taller de liderazgo, una profesora mencionaba que su sueño era poder aportar para que alguno de sus estudiantes de especialidad técnica pudiera estudiar en la educación superior, a lo que un docente inmediatamente respondió de manera irónica, y delante de sus estudiantes: “¡Já! Eso es una utopía”.

Estos elementos exponen la magnitud del problema, pero también evidencian el potencial de transformación social y territorial, considerando a estos centros educacionales TP, como clave de desarrollo con equidad y descentralización.

Hoy debe plantearse la Educación Técnica Profesional en términos de una reinvención acorde al nuevo al país que queremos, lo que necesariamente implica fortalecerla a través de un Estado cada vez más responsable de las políticas públicas, con una base institucional coordinada entre ministerios de Educación, Trabajo y Economía, alimentada permanentemente por las planificaciones estratégicas de cada región y comuna. Integrando como colaborador al mundo del trabajo, industrial y empresarial, y sin duda vinculando todo esto con la creatividad, fortalezas y debilidades de cada comunidad educativa.

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