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La directora de excelencia que quiere que su escuela sea la mejor de Chile

  Reportaje publicado en el diario La Tercera el sábado 7 de abril de 2012.   Era la primera vez que Cecilia Piuzzi (51), directora de la escuela municipal Alegría Catán Dabiké, de Putaendo, visitaba un colegio en el extranjero. Se trataba de la escuela George Syme Community de Toronto, que atiende a alumnos vulnerables. […]



 

Reportaje publicado en el diario La Tercera el sábado 7 de abril de 2012.

 


Era la primera vez que Cecilia Piuzzi (51), directora de la escuela municipal Alegría Catán Dabiké, de Putaendo, visitaba un colegio en el extranjero.

Se trataba de la escuela George Syme Community de Toronto, que atiende a alumnos vulnerables. Un establecimiento similar al que ella dirige en la Quinta Región, por lo que de inmediato se imaginó profesores que luchan por mantener el orden, alumnos desmotivados y apoderados que interrumpen las clases. No fue así.

«Quedé sorprendida, pensé que hacer clases en esa escuela debía ser difícil y más aún lograr aprendizajes significativos. A eso súmale las barreras culturales entre los alumnos quienes, en su mayoría, eran hijos de inmigrantes ilegales. Sin embargo, era una de las escuelas con mejores resultados», dice Piuzzi.

La visita fue parte de una pasantía en Canadá que la directora realizó como parte de la beca Directores de Excelencia, programa del Mineduc que busca formar profesionales líderes que dirijan las escuelas. Diversos estudios señalan que un directivo que ejerce el liderazgo administrativo y pedagógico es clave para lograr que los niños aprendan, aun en contextos de pobreza.

Ese era el caso de Cecilia Piuzzi, que si bien ya poseía dos magíster, tenía intenciones de seguir mejorando.

¿Su objetivo? Convertir a su escuela, que ya era la mejor de la comuna, en la número uno del país. «Mientras más sabe el profesor, más saben los alumnos», dice. Además agrega que «quería saber cómo lo hacían en Canadá para tener alumnos motivados, sin que el profesor esté obligándolos».

La escuela que dirige hace cinco años se ubica a 13 kilómetros de San Felipe y atiende a unos 60 alumnos, la mayoría hijos de temporeros. «Quiero que mis alumnos tengan las mismas oportunidades de acceder a estudios superiores que yo, porque tienen las capacidades y habilidades», agrega la docente, quien es hija de un obrero y de una empleada doméstica.

Por eso, la primera medida que tomó al regresar de Canadá fue reunir a los profesores y contarles la clave que los llevaría al éxito: «Hay que enseñar a los padres a crear hábitos de estudio en sus hijos y a los profesores enfatizarles su rol: si el alumno no aprende, es mayoritariamente responsabilidad del docente. Al alumno le compete mantener la disciplina», les dijo.

Desde el primer día fiscalizó las clases en las aulas. Se sentaba al fondo de la sala a escuchar al docente y la reacción de los alumnos. «Al principio, los profesores desconfiaban, porque creían que los iba a criticar, pero entendieron que el objetivo era ayudarlos a mejorar».

Además, realizó una consulta a los alumnos sobre cómo les gustaría que sus padres los acompañaran en sus estudios. Estos señalaron que ellos, muchas veces, no pueden ayudarlos, porque no conocen las materias o no saben usar la tecnología. Por ello, la directora organizó talleres donde les enseñan a los padres desde manejo de power point hasta matemáticas.

Otra de las medidas fue instalar estanterías con libros en todas las salas. Los títulos serán escogidos en conjunto entre alumnos y profesores. En la escuela de Canadá todas las aulas contaban con libros, además de una biblioteca central. «Todo está diseñado para que el alumno no tenga excusas para no leer. Además, los títulos de los libros los escogen los niños», dice.

Otra de las ideas que visualizó en el país del norte y que ya comenzó a implementar es la de colgar cordeles de extremo a extremo en cada aula, donde ubicará los trabajos de los niños. «En Canadá, el reconocimiento de los alumnos se lleva al extremo y eso incentiva para que mejoren sus calificaciones, porque todos quienes entren a la sala verán su trabajo. También pegan distintos materiales en las paredes, como las tablas de multiplicar, lo que permite reforzar el aprendizaje a través de la vista», dice.

 

Fuente: La Tercera.

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