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La causa «no tan escondida» de la epidemia del Trastorno de Déficit Atencional

Noticias sobre educación

8 noviembre, 2013

En un extenso reportaje, el periódico estadounidense The New York Times revela investigaciones que vinculan el alza de diagnósticos de Trastorno de Déficit Atencional y políticas públicas para castigar o premiar escuelas según pruebas estandarizadas. A continuación, traducimos los párrafos más reveladores: Entre el otoño de 2011 y la primavera de 2012, repentinamente los estadounidenses […]



En un extenso reportaje, el periódico estadounidense The New York Times revela investigaciones que vinculan el alza de diagnósticos de Trastorno de Déficit Atencional y políticas públicas para castigar o premiar escuelas según pruebas estandarizadas. A continuación, traducimos los párrafos más reveladores:

Entre el otoño de 2011 y la primavera de 2012, repentinamente los estadounidenses no pudieron conseguir medicamentos para el Trastorno de Déficit Atencional (TDA). Los genéricos de dosis bajas eran particularmente escasos. Hubo varios factores que contribuyeron a la escasez, pero la causa principal es que el suministro de repente se vio superado por la demanda.

La ley “No Child Left Behind” (“Que ningún niño se quede atrás”) firmada por el presidente George W. Bush, fue el primer esfuerzo federal de vincular el financiamiento escolar con el rendimiento en una prueba estandarizada. Sin embargo, varios estados han estado aplicando políticas similares en los últimas tres décadas. Carolina del Norte fue uno de los primeros en adoptar este programa, California fue uno de los últimos. Las correlaciones entre la aplicación de las leyes y las tasas de diagnóstico de TDA también existen a una escala regional. Cuando Hinshaw comparó la implantación de estas políticas con la incidencia de TDA, encontró que cuando un estado aprobó leyes para castigar o premiar a las escuelas según sus puntajes en pruebas estandarizadas, los diagnósticos de TDA en ese estado aumentaron poco después. A nivel nacional, las tasas de diagnóstico de TDA aumentaron un 22 por ciento en los primeros cuatro años después de “Que ningún niño se quede atrás” se implementó.

Para que quede claro: Estas son las correlaciones, no los vínculos causales. Pero el TDA, las políticas educacionales, y las libertades publicitarias se guiñan el ojo entre ellos.

Hoy en día muchos sociólogos y neurocientíficos creen que, independientemente de las bases biológicas del TDA, la explosión de las tasas de diagnóstico se debe a factores sociológicos (en especial los relacionados con la educación y las expectativas cambiantes que tenemos para los niños).

Durante los mismos 30 años cuando los diagnósticos de TDA aumentaron, la infancia estadounidense cambió drásticamente. Incluso a nivel de escuela primaria: los niños ahora tienen más tarea, menos recreo y mucho menos tiempo libre sin estructura para relajarse y jugar. Es fácil mirar esa situación y especular cómo el TDA podría haberse convertido en un concepto social conveniente para definir lo que ocurre cuando se espera que los niños sean adultos en miniatura.

Las pruebas estandarizadas con consecuencias fuertes, el aumento de la competencia por los puestos en las mejores universidades, una economía cada vez más hostil para quienes no van a esas universidades –todos éstas se expresan a través de cambios en las políticas y las expectativas culturales, pero también pueden manifestarse en formas más inquietantes– en el creciente número de niños cuyo comportamiento se ha convertido en patologizado.

Esta falta de rigor deja espacio para un montón de diagnósticos que se basan en algo más que la biología. Caso en cuestión: el comienzo de TDA como una «epidemia » se corresponde con un par de cambios de política importantes que incentivaron el diagnóstico. La incorporación del TDA bajo la Ley de Educación para Personas Discapacitadas en 1991 –y con una revisión posterior de la Administración de Drogas y Alimentos en 1997 que permitió a las compañías farmacéuticas comercializar más fácilmente directamente al público– fueron muy influyentes, según Adam Rafalovich, sociólogo de la Universidad del Pacífico en Oregon . Por primera vez, el diagnóstico llegó con un lado positivo –el acceso a los tutores, por ejemplo, y la compensación de tiempos en las pruebas estandarizadas. A finales de 1990 , a medida que más padres y profesores se dieron cuenta de que el TDA existía , y que había medicamentos para tratarlo, el diagnóstico se normalizó cada vez más, hasta que fue visto por muchos como una parte más de la experiencia de la niñez.

Lee el reportaje completo (en inglés) aquí: “The Not-So-Hidden Cause Behind the A.D.H.D. Epidemic”.

Lee “Derechos de los niños y niñas con Déficit Atencional”.

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