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Guía para entender el aumento de ponderación del ranking

Columnas de opinión

17 octubre, 2013

Columna publicada por Magdalena Gil en Sentidos Comunes el miércoles 16 de octubre de 2013.   Contrario a lo que muchos creen, el tema de incluir el ranking en la batería de indicadores del proceso universitario en Chile tiene una larga historia. La preocupación de investigadores y profesores universitarios varios por mejorar el sistema de […]



Columna publicada por Magdalena Gil en Sentidos Comunes el miércoles 16 de octubre de 2013.

 

Contrario a lo que muchos creen, el tema de incluir el ranking en la batería de indicadores del proceso universitario en Chile tiene una larga historia. La preocupación de investigadores y profesores universitarios varios por mejorar el sistema de selección universitaria ha visto nacer distintos proyectos piloto y políticas públicas hace años, todas preocupadas del mismo problema: en Chile demasiados alumnos no se titulan, los que se titulan se demoran mucho en titularse y, además, las clases altas están sobre representadas en la educación superior.

El primer problema le llamamos calidad, el segundo equidad. Entre quienes han trabajado en el tema hay quienes les preocupa más lo primero, otros que les preocupa más lo segundo. El resultado sin embargo ha convergido en una misma medida: la inclusión del ranking como indicador a la batería de selección, cada vez con mayor ponderación.

Ranking es un buen pronosticador de rendimiento y persistencia en la universidad, además de ser una medida en que todos los estudiantes de Chile pueden destacar si se lo proponen y tienen los talentos, sin importar su nivel socioeconómico. Incluir el ranking no es una “solución parche”, estamos convencidos de que incluso en un sistema equitativo de educación básica y media que un alumno sea top 10% en su colegio nos dice algo: interés y gusto por el estudio, disciplina, inteligencia, tenacidad, persistencia y en muchos casos una enorme resiliencia.

Aun así, es claro que incluir el ranking no soluciona definitivamente todos los problemas de calidad ni de equidad. Hay carreras a las que ni PSU ni ranking son necesariamente los mejores indicadores para seleccionar. En términos de equidad, hay colegios tan malos que incluso con ponderación 50% ranking el mejor alumno del curso puede quedar fuera del sistema por una baja PSU. Además,  cambiar el sistema de selección permite no reproducir la desigualdad educativa un escalón más, pero si queremos solucionarla de frentón todo el sistema desde prekinder necesita ser revisado. Todo esto es cierto. Pero en lo que al sistema de selección respecta, la inclusión del ranking es un paso importante en la dirección correcta: mayor calidad y mayor equidad.

En este artículo intentaremos explicar esto con más detalle y datos concretos. El texto, en todo caso, se puede leer sin necesidad de entender los gráficos y tablas que lo acompañan.

Entendiendo el problema

El primer problema que hay que tomar en cuenta es que en Chile solo uno de cada dos estudiantes que acceden a las universidades adscritas al Consejo de Rectores (CRUCH) logra titularse. En universidades privadas no pertenecientes al CRUCH la no titulación llega a 62.6%. Considere que en países OCDE (menos Chile), la cifra de titulación llega el 70 o 75%. 

Además, el promedio de tiempo que le toma titularse a los alumnos que se titulan, tanto en universidades CRUCH como no, es notoriamente superior a la duración formal determinada por la universidad. Hay carreras en que esto es más extremo y el estudiante promedio se demora el doble que lo establecido, pero es cierto en prácticamente todas.

Las causas de la deserción son múltiples, problemas de financiamiento, vocación, inmadurez, falta de preocupación de la universidad, falta de interés de parte del estudiante y también que los estudiantes simplemente no se la pueden en la universidad o carrera en la que entraron, como lo demuestra el 13% de estudiantes que se cambian a estudiar la misma carrera pero en otra universidad (ver estudio).  Algunos creen que el tema es básicamente cuestión de plata, y sin duda el financiamiento juega un rol extremadamente importante, todos los estudios muestran que recibir ayuda financiera reduce enormemente la posibilidad de deserción. Pero aun así si vemos la deserción entre 1er y 2do año (donde se da gran parte de las deserciones) las diferencias por quintil de ingreso del hogar no son extremadamente grandes. 

Los estudios de deserción (123 y 4) apuntan a que tanto PSU como las notas de enseñanza media son buenos indicadores de permanencia en la universidad, con una leve mayor capacidad predictiva del NEM. Al incluirse la variable ranking en vez de NEM (4) se comprueba que no solo es buen predictor de permanencia en la universidad sino que es mejor que NEM. Además, en todos los casos (PSU, NEM, y ranking) se ve que la predicción no es continua El quintil 4 y 5 (de notas, no de ingreso del hogar) es decir el 40% con mejor NEM/ranking tienen mucha menor probabilidad desertar que los quintiles 3,2, y 1 (el 60% inferior, la probabilidad entre estos quintiles varía mucho menos). Y esto controlado por ingreso del hogar, educación de los padres, tipo de colegio, etc.  Lo mismo ocurre con PSU, estar entre los mayores puntajes predice mayor retención, pero la diferencia de puntaje deja de ser significativa en la medida que los puntajes bajan. En conclusión, según estos estudios una combinación de los indicadores sería más productiva que el uso casi absoluto de la PSU.

El segundo problema es que el ingreso a la universidad es muy inequitativo, mientras la mayoría de los estudiantes del quintil V (20% de hogares más rico) casi siempre entra a la universidad, en el quintil I (20% hogares más pobres) son solo unos pocos logran entrar (alrededor del 20%).

La situación es en las universidades más selectivas es similar, y a veces más extrema. En la Universidad de Chile un 13% de los estudiantes de ingreso 2010 pertenecían al quintil I (más pobre) y un 31% al V (más rico). En la Universidad Católica el 70% viene del quintil V (más rico) mientras que solo un 4% del quintil I (más pobre).

Al comparar los alumnos por dependencia del colegio se hace más clara la inequidad.  Considerando que un 7% de los estudiantes de Chile asiste a un colegio privado, resulta demoledor que en la Universidad Católica un 67% proviene de estos establecimientos, y  en la Universidad de Chile un 38%.  

Razones para esta inequidad son múltiples, las diferencias educativas en Chile sabemos son espeluznantes. Los colegios donde van los estudiantes más vulnerables, o incluso la clase media, tienen mala infraestructura, mala administración, malos profesores, mala educación en general, a eso se puede sumar la falta de expectativas y presión familiar para incorporarse al mercado del trabajo, en algunos casos.  Pero al final, cuando se trata de entrar a la universidad todo eso se resume en una cosa: mala PSU.

La PSU (ex PAA) es la puerta de entrada a las universidades en Chile, un test estándar para sistemas educacionales no estándar. Un test donde el 61% de estudiantes que sacan puntaje nacional viene de colegios privados (cuando, como se dijo anteriormente, solo un 7% de los estudiantes va a esos colegios).  Si miramos los resultados PSU por tramo de ingreso, donde 12 es el tramo más rico y tramo 1 el más pobre vemos que la PSU de manera indirecta mide nivel socioeconómico.  Mientras en el tramo más rico un 41,3% de los estudiantes saca más de 700 puntos, en el tramo medio solo un 5,84% logra obtener ese puntaje y en el tramo más pobre un 3,43%.

 

La inequidad de la PSU es un problema si consideramos que el talento está distribuido en toda la población de manera similar. Es decir, que en todos los grupos socioeconómicos hay jóvenes talentosos, aunque no todos tienen las oportunidades de demostrarlo en la universdiad (Si Ud. es de los que cree que los más talentosos lo son por nacer ricos, o de una composición racial específica entonces no estaremos de acuerdo). Usando solamente PSU hay talento que se pierde, especialmente en los quintiles más pobres. Estamos seleccionando a los que tienen más información en un momento determinado del tiempo, pero eso no los hace necesariamente mejores alumnos.

Ahora bien, es claro que la PSU no crea esta desigualdad, sino que la reproduce. Es decir, la PSU es reflejo de sistemas educacionales inequitativos, en que no todos se gradúan con los mismos conocimientos.  Pero, ¿Qué significa la PSU más allá de la capacidad de responder un test? No está tan claro. Sabemos que el alumno tiene más conocimientos, maneja más contenido de la prueba, pero ¿qué sabemos de sus capacidades académicas? ¿de su gusto por el estudio? ¿su disciplina? ¿su persistencia ante la adversidad? Todas esas cosas son importantes para sobrevivir en la universidad, y con la PSU no sabemos mucho respecto a esto. Por lo demás, la falta de contenidos siempre se pueden enseñar, pero las capacidades y gusto por el estudio no.

La capacidad predictiva de la PSU ha sido evaluada varias veces en distintas universidades, con resultados mixtos dependiendo de la universidad y de la carrera. La evaluación más completa que se ha hecho es el informe PEARSON, hecho por una consultora internacional. Además de confirmar una vez más las enormes brechas socioeconómicas de la PSU (mayores que similares pruebas en otros lugares del mundo y mayor que lo que existía con la PAA), el informePEARSON concluyo que  si bien la PSU ayuda a predecir rendimiento en la universidad, su predictibilidad es moderada (más bien paupérrima). Además añade que el nivel de predicción ha disminuido con el pasar de los años, probablemente debido al aumento progresivo de los contenidos evaluados por la PSU.

Además el informe recomendó el uso de otras variables, y específicamente, el uso del ranking del colegio y el NEM.  Agrega el informe que “la trayectoria escolar captura múltiples variables, como por ejemplo la motivación del estudiante y su persistencia.” Como se puede ver en la tabla, la capacidad predictora de los antecedentes escolares (ranking y NEM) es mayor que la PSU, con excepción de la PSU matemática. Es además un efecto sostenido en el tiempo, mientras que la capacidad predictiva de la PSU ha sido decreciente.

¿Por qué hemos usado, entonces, casi solo PSU (antes PAA) para decidir el ingreso a la universidad? En primer lugar es necesario entender que las universidades CRUCH están comprometidas a usar  exclusivamente la batería de herramientas del CRUCH y sus reglas, que incluía hasta hace poco solo PSU y NEM. La PSU sin embargo ha sido mucho más atractiva que las NEM para las universidades más selectivas debido al Aporte Fiscal Indirecto (AFI).  Desde 1981 el Estado chileno paga anualmente el AFI a las universidades en las que se matriculen los 27,500 “mejores alumnos”, definido en función de la PSU matemática (50%) y verbal (50%).  Uno de cada tres de estos alumnos, no pondera más de 450 en NEM, es decir tenían menos de un 5,2 en sus notas de enseñanza media. Pero la definición del AFI considera solo PSU.  En consecuencia el año 1982 las universidades CRUCH elevaron la ponderación de la PAA de 42% a 60.4%. Las universidades menos selectivas, con menos posibilidad de capturar AFI siguieron ponderando la trayectoria escolar del alumno, en base al NAM, hasta en un 40%. Cabe notar que en 25 años, el Estado chileno ha gastado más de 400 millones de dólares para financiar el AFI y que las universidades que optan por bajarle ponderación a la PSU lo están haciendo a pesar de perder esta plata.  Lo hacen porque están convencidas de que mejorara la calidad de sus alumnos y en el largo plazo les conviene (al mismo tiempo que hacen lobby por cambiar la manera de distribuir el AFI para que convine PSU y ranking).

La incorporación del ranking

Simplemente dicho, el ranking de las notas del alumno en el colegio es una medida de la trayectoria escolar del alumno.  Refleja su rendimiento relativo, comparado con sus pares, con quienes ha tenido las mismas oportunidades educativas. El ranking no nos dice cuanto sabe una personas, pero nos dice que una persona ha aprovechado al máximo sus oportunidades educativas, por más malas que estas hayan sido. Es una medida complementaria a una prueba estándar de conocimientos, que permite entender mejor quien es un mejor alumno, independiente de sus conocimientos netos en el momento de salir del colegio. Y además, es una variable en la que todos los alumnos de Chile tienen una oportunidad de sobresalir , que no tiene los sesgos socioeconómicos de la PSU.

La incorporación del ranking a la batería de selección del CRUCH ha sido un proceso largo, con muchos proyectos piloto que han dado luces de como su incorporación puede apuntar a la calidad y la equidad. La Universidad de Santiago fue pionera en estos cambios. Durante 10 años (1992-2003) la USACH logró que el CRUCH le aceptara usar una bonificación de un 5% adicional al puntaje ponderado de admisión, para los estudiantes pertenecientes al 15% de mejor rendimiento de su colegio. Durante esos años 15,191 estudiantes fueron beneficiados por la medida, sin recibir ningún tipo de apoyo complementario. Evaluaciones de este programa muestran que los rendimientos de los alumnos bonificados fueron superiores a los de sus compañeros de carrera que ingresaron  con 100-150 puntos más en la PAA (hoy PSU). Y “un estudiante perteneciente al mejor 15% de rendimiento en su generación obtendrá en promedio casi 3 décimas más en su rendimiento durante el primer año en relación a un estudiante similar pero no bonificado”, es decir un estudiante que no estaba en el 15% superior. Además los estudiantes bonificados se titularon más y en mayor porcentaje dentro del periodo estipulado para ello. 

Además de la experiencia de la USACH han existido muchas otros proyectos piloto “busca talentos”  en base al ranking. Todos apuntan a que con la combinación ranking y PSU podemos seleccionar mejor en términos de calidad y equidad. Algunos de estos proyectos, como los propedéuticos, van más allá y buscan talento académico en los colegios en que nadie nunca ha logrado entrar a la universidad y donde ni con ranking ponderado al 50% podemos esperar que un alumno top10 entre a una universidad selectiva. Incluso esos proyectos más radicales han mostrado resultados positivos. Nos es imposible nombrarlos todos, pero veamos algunos de los resultados más decidores.

La Universidad Católica, por ejemplo, desde  2011 cuenta con el programa Talento + Inclusión, que permite a alumnos en el 7,5% superior de su colegio que pertenecen al I-IV quintil entrar a la UC por un proceso de admisión especial.  Ya el primer año, los promedios de notas en ingeniería de los alumnos ingresados vía T+I fueron iguales a los de los últimos 200 admitidos vía admisión ordinaria, a pesar de que entraron hasta con 60 puntos PSU bajo el puntaje de corte de la carrera.

Lo que muestra el grafico es que terminado el primer año los alumnos que entran por el sistema T+I a la carrera de ingeniería civil son indistinguibles de los alumnos que entraron por admisión regular. A poco más de la mitad de ellos les va incluso mejor que el promedio de quienes entraron por admisión regular.

Hoy el programa T+I incluye 7 carreras y sosteniblemente hemos visto que a los alumnos que eran top 10 en su colegio de cualquier quintil, les va mejor que a los alumnos que no eran top10 en su colegio, de cualquier quintil. 

En otras universidades los datos nos muestran lo mismo. Este grafico presenta los mismos datos para la USACH: a los alumnos top 10 les va mejor sin importar el quintil que a los no top10 (en promedio), aprueban más asignaturas, se titulan antes, etc. 

Esto considerando que la USACH tiene hace 5 años un programa propedéutico de los más ambiciosos, con jóvenes top 5% de liceos prioritarios (es decir, los más malos) entrando a estudiar  a esa universidad. Si el promedio PSU matemáticas de ingreso a la USACH es de 632 puntos, estos alumnos entran con un promedio de 443. Sin embargo, estos alumnos al segundo año ya son también inconfundibles en términos de notas de los que entraron por admisión regular que no eran top5% de sus colegios (en promedio).

Hoy en día tienen programas propedéutico las universidades  de Tarapacá (2011), Antofagasta (2011), Católica del Norte, Coquimbo (2010) y Antofagasta (2013) , Santiago de Chile (2007), Cardenal Silva Henríquez (2009), Alberto Hurtado (2009), Tecnológica Metropolitana (2010), Metropolitana Ciencias de la Educación (2010),  Viña del Mar (2012), Técnica Federico Santa María (2013), Valparaíso (2013), Católica de la Santísima Concepción (2013), Católica de Temuco (2011), Los Lagos, sede Puerto Montt (2012), Austral, Coihaique (2012) y Valdivia (2013) and Magallanes (2013). También existe el mencionado programa de T+I de la UC, y similares en la Universidad de Chile y la Universidad Diego Portales. Todas estas experiencias apuntan a lo mismo: el ranking es un buen indicador de rendimiento y futuro académico en la universidad.

Equidad

Además el ranking, a diferencia de la PSU no está sesgado por el NSE, ni el género.  Sobre nivel socioeconómico, como ranking se calcula comparando a cada estudiante con su contexto, en todos los colegios habrá alguien con ranking 850, no así PSU.

Según los datos de la Universidad Católica, en la admisión 2003, donde ranking se pondero en un 10% y algunas universidades le sacaron ponderación a PSU y otras a NEM, se observó que el grupo de estudiantes seleccionados que no habrían sido seleccionados en esa misma carrera y universidad con las ponderaciones del 2012 (sin ranking) fue de 4,000 postulantes (aproximadamente el 4% del total de seleccionados).

En 32 de las 33 universidades adscritas al sistema del CRUCH, el puntaje ranking del grupo de estudiantes seleccionados con el nuevo sistema (y que no habría sido seleccionado antes), es superior al del grupo de estudiantes no seleccionados que sí hubieran sido seleccionados antes. Esto, independiente del tipo de colegio. Es decir, muchos de los cambios fueron de privado sale y privado entra, pero un alumno de colegio privado con mejor ranking que el que habría entrado con el sistema 2012.

Además, En 31 de las 33 instituciones, el Índice de Vulnerabilidad Educacional (IVE) del grupo de estudiantes seleccionados gracias a la incorporación del ranking a la fórmula, es superior al del grupo de estudiantes que no fueron seleccionados con esta nueva ponderación. En promedio, el IVE en las universidades este subió un 15%. (El índice de vulnerabilidad escolar, IVE, refleja la condición de riesgo asociada a los estudiantes de cada colegio, es asignado por el Mineduc, y a todos los establecimientos de dependencia Particular Pagada se les asigna un valor de 0).

El informe del Mineduc  sobre la incorporación del ranking destaca que tomando en cuenta todo el sistema no se observa una mayor inclusión de alumnos de colegios municipales a la Educación Superior.  Sin embargo también concluye que en términos de vulnerabilidad los “ganadores” con la nueva ponderación serian de menor NSE.  Lo que es aún más claro en términos de quedar en la primera opción (versus mirar el ingreso al sistema en su conjunto).  

Género

Además, un tema que se toca poco, es que la PSU tiene un gran sesgo de género, cosa que fue altamente criticada en el informe Pearson.

La inclusión del ranking también ayuda a revertir este sesgo. Como se aprecia en los datos del Mineduc,  hay más mujeres beneficiadas que hombres. Esto porque hay más mujeres cuya PSU es menor que su puntaje ranking que hombres en la misma situación.

Resumen: Cambio de Paradigma

En resumen, los cambios al sistema de ingreso significan un cambio de paradigma en la definición de que caracteriza a un buen alumno.  Antes eso estaba definido exclusivamente por la PSU, instrumento que si bien es útil, presenta también muchísimas deficiencias y un importante sesgo socioeconómico.  Hoy, la PSU es combinada con ranking, medida que permite incorporar la trayectoria escolar del alumno y las características que lo han llevado a estar, o no, entre los destacados de su colegio. 

ANEXO

Algunos cálculos más para el que le interesa:

Rendimiento en la Universidad (PPA), por colegio. Top10 versus no top10. 

 

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