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Director del Insat: “No hay una receta mágica, sólo creer en nuestros estudiantes”

Noticias sobre educación

19 marzo, 2018

El puma de su insignia y el edificio en el que funciona son los principales símbolos del Instituto Superior de Administración y Turismo (Insat) de Valdivia. El primero ha sobrevivido al peligro de extinción, mientras que el segundo se mantuvo intacto luego del mayor terremoto de la historia. “Ambos demuestran que, a pesar de los […]



El puma de su insignia y el edificio en el que funciona son los principales símbolos del Instituto Superior de Administración y Turismo (Insat) de Valdivia. El primero ha sobrevivido al peligro de extinción, mientras que el segundo se mantuvo intacto luego del mayor terremoto de la historia. “Ambos demuestran que, a pesar de los momentos críticos, es posible cambiar el destino de las cosas con confianza. Así lo hizo nuestro establecimiento, que es una comunidad que ha sabido levantarse ante la adversidad, logrando la convicción de que nadie puede destruir sus sueños”, dice Sergio Sandoval, director del establecimiento. Recuerda que de contar con 740 estudiantes el 2009, el Insat llegó a una matrícula de 93 jóvenes en el 2014, debido a una profunda crisis. A fines de ese año llega como director, y junto a su equipo directivo y docente se proponen reencantar a la comunidad, generar espacios donde todos y todas se sientan parte, y fortalecer los aprendizajes a través de la implementación de Redes de Tutoría.  Tras esto no sólo han logrado recuperar la matrícula, llegando hoy a 157 estudiantes, sino que los resultados del Simce han subido alrededor de 30 puntos y esta semana recibieron uno de los reconocimientos más importantes: se adjudicaron la Subvención Nacional por Desempeño,  otorgada por el Ministerio de Educación a establecimientos con excelencia académica. ¿Cómo toma esta obtención? Lo tomo como un tema de justicia. Hace tiempo que nuestro establecimiento estaba trabajando en entregar mejores oportunidades a nuestros estudiantes y en buscar nuevas formas de lograr una educación de calidad (…). Esto motiva, pero nosotros no trabajamos por el reconocimiento, trabajamos para que nuestra comunidad estudiantil se sienta feliz en el colegio que está. Precisamente, ¿cuál ha sido la reacción de la comunidad educativa? Están felices. Estamos en un sector que se le denomina barrios bajos, por lo tanto creemos que la comunidad se merecía un establecimiento con excelencia académica y ahora somos el único liceo técnico profesional que lo logra en Valdivia. ¿Qué cambios se impulsan para pasar de ser establecimiento en crisis a uno de excelencia?  Lo primero fue construir una cultura de altas expectativas. Saber y hacerle saber a nuestros estudiantes que nosotros sí creemos en ellos. Esto se fue motivando día a día con pequeños gestos, como el hermoseamiento del colegio que hicieron los mismos estudiantes (pintando sus sueños en las paredes) o trayendo a personas que estaban en la contingencia social y que aceptaron venir de manera gratuita para demostrar que sí es posible conseguir cosas. En esto también se involucra al cuerpo docente… El cambio cultural de los profesores fue: “llevamos 10 años haciendo lo mismo. ¡Es hora de hacer algo distinto!” (…). En lo pedagógico nos enfocamos en aprender poco, pero bien, en vez de aprender mucho, pero mal. Se les dio la autonomía a nuestros docentes para que resolvieran cuáles son los contenidos más importantes del currículum. Esto se fortaleció con la implementación de Redes de Tutoría, que fue una transformación para nuestra comunidad educativa.  ¿Qué ha significado esta innovación para el Insat? Esta innovación nos ha permitido humanizar nuestro proceso de enseñanza. La estrategia nos da el tiempo de preguntarle a nuestro estudiante el cómo está, cómo se siente, conocer su vida. Ese proceso tan cercano que es la tutoría le ha dado nuevas herramientas a nuestros estudiantes y ha vuelto a reencantar a nuestros docentes con la pedagogía.  ¿Qué otros cambios ha experimentado la comunidad con las tutorías? Hay alumnos que cuando llegaron en marzo del año pasado no hablaban y no se relacionaban con sus pares. Hoy son estudiantes que socializan, discuten, reflexionan y proponen, es decir, han desarrollado habilidades cognitivas de orden superior, que nosotros no esperábamos que se desarrollaran tan rápido. Realmente estamos felices de los cambios que hemos visto. Según su experiencia, ¿por qué es importante innovar? Innovar nos saca de nuestra zona de confort, pero también saca lo mejor de nuestras capacidades. Nos permite reencantarnos, creer que sí es posible una educación distinta y que debemos confiar en nuestros estudiantes. Ellos son del siglo XXI, por lo tanto tenemos que cambiar la forma en la que enseñamos. El Insat también se ha caracterizado por incorporar a apoderados y apoderadas en sus actividades. ¿Cuál es la importancia de incluir a toda la comunidad? Ha sido clave en nuestros resultados. El discurso de que sus hijos sí pueden lograr las metas que se propongan también lo hemos inculcado en los apoderados y junto a toda la comunidad hemos demostrado que en contextos vulnerables sí se puede aprender (…). Nuestros apoderados hoy creen en la innovación, porque han visto los cambios en sus hijos. Cuando hay un compromiso real de la comunidad y hay un norte claro, las transformaciones y resultados llegan solos. ¿Cómo es ser director o directora de un establecimiento en Chile? Es diverso. Afortunadamente, nuestro sostenedor nos ha dado autonomía en la gestión y eso se agradece (…). Los directores no deben estar solos en los procesos y creo que ese fue uno de los errores de la carrera docente, que no consideró a muchos oficios de la carrera directiva, como por ejemplo jefes técnicos, inspectores generales o encargados de convivencia que, con años de trayectoria, quedaron en nivel de acceso porque la última evaluación fue muy antigua. No nos parece un trato justo y esperamos que en la carrera directiva se les considere sus méritos y aportes. Otro de los problemas que enfrentan los equipos directivos y docentes es la burocracia y exceso de obligaciones. ¿Cómo ha enfrentado esto? Hemos aprendido a manejar esta burocracia y celo administrativo ocupando la mayor parte de nuestro tiempo laboral en colocar el foco en lo pedagógico. Efectivamente, a veces posponemos un poco lo administrativo. Además, tengo la fortuna de contar con un excelente equipo, entonces puedo delegar algunas tareas administrativas y abocarme netamente a los procesos pedagógicos. ¿Qué le diría a los establecimientos que hoy se encuentran con problemas en los resultados de aprendizajes? Con la humildad del caso, les diría que hay que seguir soñando y que reflexionemos sobre nuestras prácticas pedagógicas. Si llevamos 20 años haciendo lo mismo, es momento de dar vuelta la página y comenzar a hacer algo distinto. No hay una receta mágica, sólo creer en nuestros estudiantes, creer que sí se puede aprender en contextos vulnerables y que no todo es la plata o las pruebas estandarizadas. Lo importante es construir un ambiente feliz y los resultados se van a dar solos.

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