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Día del Profesor: estos seis docentes muestran el tremendo valor de enseñar

16 octubre, 2019

En el Día del Profesor, te presentamos a estos profesores y profesoras que trabajan en la red de establecimientos que implementan innovaciones con el acompañamiento de Educación 2020 y que están dentro de los 50 mejores según el Global Teacher Prize. Pocas profesiones tienen tanto impacto en la sociedad como el ser profesor o profesora. […]



En el Día del Profesor, te presentamos a estos profesores y profesoras que trabajan en la red de establecimientos que implementan innovaciones con el acompañamiento de Educación 2020 y que están dentro de los 50 mejores según el Global Teacher Prize. Pocas profesiones tienen tanto impacto en la sociedad como el ser profesor o profesora. Y es que cuando un estudiante aprende no sólo adquiere nuevos conocimientos: también amplía sus horizontes, comienza a ver el mundo con otros ojos y desarrolla su humanidad.   Es debido a esta relevancia que cada 16 de octubre se celebra, en todo Chile, el Día del Profesor. Se trata de una fecha en la que cada año, como Educación 2020, destacamos la labor del profesorado, esta vez en la figura de seis profesores y profesoras de distintos puntos del país que destacan por su compromiso y amor por lo que hacen. Esto los llevó a ser parte del selecto grupo de los 50 mejores docentes de Chile, según el Global Teacher Prize (GTP). El descubrimiento de una vocación Jéssica Figueroa (44) optó por un camino distinto a la pedagogía al egresar de la enseñanza media: estudió Administración de Empresas de Turismo en la U. Austral de Chile. Ciertamente admiraba a su madre, quien ejerció como unidocente, y a su padre, que fue profesor y director. “Siempre me sentí orgullosa de la dedicación y el amor que ambos compartían por la pedagogía”, recuerda.  Sin embargo, la vida se encargó de llevarla a sus raíces. Hace 16 años ingresó al Instituto Superior de Administración y Turismo (Insat), de Valdivia, para “entregar” sus conocimientos disciplinares en el área de Turismo. “Con el pasar del tiempo comencé a enseñar de verdad, a establecer lazos con mis estudiantes y la comunidad, con el proyecto educativo. Me di cuenta que la pedagogía es mi real vocación y es por eso que me capacité y cursé un postgrado para obtener el título de profesora de enseñanza Técnico Profesional (TP)”, asegura con orgullo.  Respecto a su nominación en el GTP, expresa que “me produjo una gran alegría saber que mi  trabajo es valorado, me da fuerzas para seguir mejorando mis prácticas educativas, continuar siendo un agente de cambio, que contribuya al fortalecimiento de la Educación  Técnico Profesional y entregue mayores oportunidades a mis estudiantes”. Y así ha sido. “Creo que en estos años he trabajado por lograr motivar a mis estudiantes, estableciendo una relación  basada en el respeto y cariño, fomentando la confianza en sí mismos, fortaleciendo su autoestima, potenciando sus habilidades y creyendo en sus potencialidades”, cuenta.  Una pasión que se hereda Cada día de los más de 30 años de docencia que ha recorrido Pamela Sánchez (54), profesora de Lengua y Comunicación del Liceo América de Los Andes, ha sido una confirmación de que no erró en el camino. Muy por el contrario, asegura que “enseñar es y siempre será mi pasión”. Se trata de un gusto que nace a temprana edad, gracias a su mamá:  “Gracias a ella logré visualizar lo hermoso y lo importante del enseñar. Desde muy pequeña supe que sería mi camino natural”, dice. Sobre el sello que intenta colocar en su trabajo, asegura que es la cercanía. “Mi relación con los estudiantes es desde el afecto y la honestidad. Tenemos estudiantes muy carentes en lo afectivo (…). Entonces es fundamental el abrazo, el beso en la mejilla, el palmoteo en la espalda. Y, por supuesto, la llamada de atención oportuna, asertiva, sin menoscabo hacia ellos. Además, los estudiantes valoran al docente que, dominando su contenido, tiene la valentía de reconocer cuándo se ha equivocado”. Esa sencillez también se vio reflejada en su sorpresa ante la postulación al GTP.  “Creo que el hecho de ser postulada es un reconocimiento para todas y todos los docentes que llevamos tanto tiempo haciendo clases, y que demostramos que también nos podemos subir en el carro de la innovación pedagógica con compromiso y entusiasmo”, agrega. Consultada sobre su sueño en la educación, cuenta que siente que lo está viviendo hoy: “ha sido maravilloso ver los resultados que ha tenido la metodología de Aprendizaje Basado en Proyectos. Mis alumnos van contentos al liceo, entusiasmados con los proyectos, entregando ideas nuevas. Me hace feliz verlos crecer como personas”, concluye. La trascendencia como motor Cuando la mayoría de los niños querían ser futbolistas o superhéroes, Gustavo Soto (33) tenía claro que su heroísmo lo quería desplegar en las aulas. “Decidí estudiar Pedagogía en Historia, Geografía y Educación Cívica porque quería tener las herramientas para contribuir a transformar la realidad de la que surgimos, desde la escuela”, precisa. Cuenta que en esta decisión fueron clave los profesionales de la educación que conoció en su infancia: “tuve profesores que con su ejemplo me mostraron que todos somos capaces de lograr nuestros objetivos, incluso cuando puedan parecer muy difíciles de alcanzar”, expresa este profesional que nació en Nueva Imperial, comuna a la que regresó hace seis años para enseñar en la Escuela Pública Alejandro Gorostiaga Orrego, donde hace dos años lidera la Unidad Técnico Pedagógica (UTP). Sobre cuál es su impronta, Soto afirma que es la trascendencia. Se trata, según dice, de transmitir en la cotidianeidad que todo lo que hagamos hoy, tiene un efecto mucho mayor en el mañana. “Me apasiona el que podamos desarrollar experiencias que puedan dar cuenta de lo trascendental de aprender en la escuela. Que podemos aventurarnos y lograr alcanzar sueños y metas que renueven el autoestima de nuestra comunidad y promuevan la motivación por el aprendizaje”, dice. Y concluye que “mi gran sueño como profesional es aportar en el desarrollo de una política educativa país que incorpore la voz de las organizaciones, sociedad civil, padres, profesores y, por supuesto, estudiantes. Que en el fondo el sistema educativo se construya a partir de lo que las comunidades quieren y necesitan, en un marco de respeto, valoración y diálogo verdadero”. Una verdadera “mamá mechona” La telenovela que se transmitió hace unos años, donde una mamá llegaba a la universidad después de haberse dedicado cien por ciento a la maternidad, retrata en gran parte la historia de Soledad Quiroz (54). A los 40 años y con sus cinco hijos ya mayores, tomó la decisión de estudiar Pedagogía en Educación General Básica. “Yo siempre los ayudaba en sus estudios, entonces cuando los vi grandes tuve la oportunidad de estudiar y, la verdad, es que me enamoré de la carrera. Ahí descubrí lo mucho que podía contribuir siendo profesora y el impacto que tiene el hacer bien y con amor mi trabajo”, manifiesta la docente que hoy se desempeña en el Colegio Schulhaus Montessori.  Cuenta, además, que su labor siempre ha estado marcada por un propósito: lograr que cada niño y niña aprenda y desarrolle al máximo su potencial. “He implementado distintas estrategias para lograr la motivación, porque lo que más importa es que el estudiante tenga un aprendizaje significativo”, dice y agrega que “contextualizar los contenidos con su vida diaria es una herramienta muy útil, ya que los niños relacionan contenidos y prestan mayor atención en la clase. Además es primordial transmitirles la importancia de aprender, el trabajo en equipo y reforzar los liderazgos. Todo esto a través de clases lúdicas, creativas y entretenidas”.  Al ser consultada sobre qué le apasiona de su trabajo, Soledad es clara: “me apasiona que un niño logre aprender, que pueda vencer obstáculos y desarrollar desafíos sin ponerle techo a sus capacidades. Sueño con que el futuro de un niño no dependa de la capacidad de endeudamiento de sus padres, sino de sus propias capacidades y habilidades”. Las matemáticas en su uso cotidiano A pesar de llevar sólo seis años ejerciendo como profesor de Matemática, la labor de Cristian Correa (31) ha destacado por cambiar la percepción de sus estudiantes respecto a la asignatura que enseña. ¿Cómo? Según explica, realiza numerosos desafíos de una manera práctica y significativa, entregándole un enfoque utilitario a las matemáticas. “Cada unidad o concepto que abordamos en matemática es con un propósito, pero es el estudiante quien debe descubrirlo. Los oriento a la búsqueda del significado y los motivo a la indagación, a través de un proceso metódico y práctico. Y si el estudiante no desea realizar alguna actividad, que también ocurre, dialogo con él y le propongo alternativas para reactivar su interés”, explica el profesor del Liceo Polivalente Enrique Mac Iver, de Santa Olga. Respecto a lo que lo motivó a seguir el camino de enseñar cuenta que fue “entregar ayuda a personas en el área que me gusta, que son las matemáticas, con la intención de cambiar el paradigma de tener ‘terror o rechazo a las matemáticas’”.  ¿Y lo que más lo apasiona de enseñar? “El seguir aprendiendo de los mismos estudiantes con nuevas maneras de entregar un aprendizaje, pues cada vez se visualizan diversos formas de aprender. Es ahí donde me desafían con la creación de nuevas y novedosas estrategias para resolver situaciones. Y además, espero ser un referente para los estudiantes de que con esfuerzo es posible cumplir sus sueños, independiente del nivel socioeconómico al que pertenecen”, concluye.  De scout a profesora Durante toda su niñez y adolescencia, Erica Manque (54) fue parte de un grupo scout liderado por un sacerdote, que rescataba a niños y niñas en situación de vulnerabilidad. “Yo fui una de ellas y estoy muy agradecida de eso, porque fue ahí donde, trabajando para ser un aporte para la comunidad, descubrí que mi vocación es enseñar. Siento que a través de la pedagogía puedo devolver todo lo que se me entregó y mostrarles a niños que no ven un futuro muy glorioso que sí es posible y que pueden lograr las metas que se propongan”, relata la profesora del Centro Educacional San Joaquín.   Declara que su trabajo se ha centrado en un gran objetivo: lograr que cada niño y niña aprenda. “Ese ha sido mi sello o mi gran porfía (ríe). A lo largo de mis 16 años de carrera he confirmado que si tú confías en tus estudiantes, fomentas su confianza y logran aprender… muchas veces a distintos ritmos y de distintas formas, pero lo logran. Me gusta sentir que, de alguna forma, aporto a que ellos vean el mundo distinto, crean en sus capacidades, aumenten sus expectativas y en el futuro tengan más opciones para elegir cómo quieren desarrollarse”, expresa la profesora, quien además asegura que su trabajo también impacta en los apoderados y apoderadas, quienes aumentan las expectativas en sus hijos y se comprometen con su educación. Sobre su gran anhelo como profesora, afirma que es lograr un sistema educativo más equitativo, que no limite las oportunidades por el lugar en el que se nació. “Quiero que algún día dejen de existir colegios para ciertas ‘categorías de niños’”, concluye. 

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