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¿Cuánto vale el Simce? (Columna en La Tercera)

Columnas de opinión

3 junio, 2010

Columna publicada el 3 de junio de 2010 en La TerceraPor Mario Waissbluth, Coordinador Nacional de Educación 2020 Denominamos “festival anual del termómetro” al rito anual del SIMCE, PSU, INICIA,  Evaluación Docente, o las vergüenzas internacionales que pasamos con el test de PISA y el TIMSS. Algunos días de desgarro de vestiduras, todos escribimos columnas […]



Columna publicada el 3 de junio de 2010 en La Tercera

Por Mario Waissbluth, Coordinador Nacional de Educación 2020

Denominamos “festival anual del termómetro” al rito anual del SIMCE, PSU, INICIA,  Evaluación Docente, o las vergüenzas internacionales que pasamos con el test de PISA y el TIMSS. Algunos días de desgarro de vestiduras, todos escribimos columnas como ésta, y a otra cosa mariposa. Por favor. Ya sabemos que el enfermo tiene neumonía, no necesitamos más termómetros, queremos antibióticos.

Por cierto, ningún médico que tenga un paciente con neumonía aguda le va a retirar el termómetro. Le va a informar a sus parientes la fiebre. Pero eso no lo va a curar. Informar a los padres de los resultados del SIMCE  puede ser útil, pero es marginal: suponer que estos van a tomar “buenas decisiones de mercado educativo” y que con eso va a mejorar la educación, es tan cosmético como suponer que el “gran ascensor de movilidad social de Chile” es seleccionar al mejor 1% de los estudiantes de una región y ponerlos en un Liceo de Excelencia. Marginal.

Como el termómetro, el SIMCE tiene un mérito. Si la temperatura es 40º hay certeza de que el paciente está enfermo. Si el SIMCE es menor a 250 puntos hay certeza de que los estudiantes no pueden usar el lenguaje para estudiar otras materias o entender un instructivo laboral. Si marca 200 puntos, analfabetismo funcional. Pero 37º no garantiza salud, y SIMCE de 300 no garantiza que el alumno tenga el rigor de hacer las cosas bien, o actitudes adecuadas respecto a sus compañeros, sus profesores, ni la sociedad.

Mientras no tengamos una política de formación y remuneración de los mejores docentes, mientras los sostenedores y las escuelas no tengan la capacidad interna adecuada y la flexibilidad para gastar bien una mejorada subvención preferencial, y sobre todo, mientras no tengamos directivos de excelencia que ejerzan un liderazgo constructivo sobre los alumnos, la comunidad, los apoderados y profesores, esto no va a funcionar.

Mientras no construyamos una épica nacional, mientras no declaremos como meta Bicentenario que todo alumno de 4º Básico entienda lo que lee, mientras no logremos que las escuelas, en lugar de competir, colaboren, y que la escuela más fuerte ayude a la más débil en lugar de facilitar su destrucción, en que el gremio de los profesores llegue a una alianza estratégica con el gobierno para mejorar la calidad, como ocurre hoy en Canadá o con el combativo gremio de Nueva York, los termómetros, por mucho que los multipliquemos y difundamos, seguirán dándonos malas noticias. En Finlandia, los mejores resultados del mundo, no hay termómetros porque no los necesitan. Son rigurosos y se creen el cuento.

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