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Carta abierta al Consejo Nacional de Educación

SEÑORES CONSEJEROS CONSEJO NACIONAL DE EDUCACION   Educación 2020 estima de gran importancia la puesta en marcha de la nueva institucionalidad creada por la Ley sobre Aseguramiento de la Calidad de la Educación Parvularia, Básica y Media. Asimismo, felicita la implementación tanto de la Agencia de la Calidad como de la Superintendencia de Educación, entes […]



SEÑORES CONSEJEROS

CONSEJO NACIONAL DE EDUCACION

 

Educación 2020 estima de gran importancia la puesta en marcha de la nueva institucionalidad creada por la Ley sobre Aseguramiento de la Calidad de la Educación Parvularia, Básica y Media. Asimismo, felicita la implementación tanto de la Agencia de la Calidad como de la Superintendencia de Educación, entes de cuya eficiente gestión dependerá en buena medida el mejoramiento de la calidad de la educación con equidad e inclusión, así como el buen uso de los recursos públicos.

Precisamente con el fin de contribuir en esta tarea, nos permitimos llamar vuestra atención sobre la –a nuestro juicio– errónea metodología propuesta por la Agencia de la Calidad para proceder al ordenamiento de los establecimientos educacionales.

Chile tiene uno de los sistemas educativos más segregados del mundo. Así lo señalan distintas investigaciones en la materia y así lo reafirma la última medición internacional PISA. Esto se traduce en la existencia de escuelas que sólo reciben estudiantes de altísimo nivel sociocultural, mientras otras atienden a estudiantes de altísima vulnerabilidad, cuestión que conlleva enormes dificultades sociales y académicas que deben ser enfrentadas por estos establecimientos.

La segregación no es sólo socioeconómica, sino también académica. Mediante prácticas legales e ilegales de selección y/o expulsión temprana, muchas escuelas se desprenden de los alumnos más desaventajados enviándolos a escuelas de alta vulnerabilidad, en un círculo vicioso que condena a estos niños a desarrollarse en un contexto de mínimas oportunidades. Este fenómeno, en la literatura educativa internacional, tiene un nombre: se conoce como skimming o descreme.

Por eso nos resulta alarmante que la propuesta de clasificación de establecimientos presentada por la Agencia de la Calidad no se haga cargo de esta situación.

Si el país ya cometió un grave error legislativo al otorgar un peso excesivo en la clasificación al Simce –instrumento profundamente cuestionado por su insuficiencia como indicador de calidad– empeorar esta situación utilizando una metodología obsoleta en la investigación internacional por no hacerse cargo de los factores de contexto de la escuela (elemento que resulta ser el principal problema de nuestro sistema escolar) puede tener efectos sistémicos que agraven la situación.

Asimismo, definir límites a los resultados de la propia metodología propuesta por la Agencia también nos parece altamente cuestionable. Dejar una escuela de alto Simce (generalmente particular pagada) en la categoría más alta, aunque los resultados del ranking digan otra cosa, es insostenible. El incentivo perverso que se generará es obvio: para que una escuela pueda escalar posiciones a la categoría más alta, el recurso más rápido y expedito será subir el costo de los aranceles o del financiamiento compartido. Así, sin mayor esfuerzo, algunas escuelas obtendrán niños de mayor capital cultural, y por ende mejores resultados y una mejor posición en el ranking.

A la inversa, también la Agencia propone omitir su propia metodología, de modo que, si una escuela obtiene un bajo Simce, aunque esté agregando verdadero valor educativo en un bolsón de indigencia y vulnerabilidad, va a quedar de todas maneras clasificada en la peor categoría, en riesgo de cierre, aunque los resultados de la metodología digan otra cosa. No es difícil imaginar el ánimo y el clima entre los profesores, directivos, apoderados y alumnos de esa escuela, sabiendo que la metodología “cargó los dados en su contra”, la estigmatizó injustamente, y que quedará en riesgo de cierre, con sus directivos y profesores enfrentando la pérdida de su cargo. Si esa escuela ya confrontaba dificultades por la composición de su alumnado, las dificultades y rotación de personal se harán aún peores.

Nos preocupa también que la metodología de ordenación no se haga cargo de las políticas (legales o ilegales) de selección académica que utilizan los establecimientos para mejorar sus resultados. ¿Resulta conveniente para el sistema clasificar a una escuela en una categoría de alto desempeño aun cuando dicho establecimiento seleccione y/o expulse a sus estudiantes para mejorar sus puntajes?

Por todo lo anterior, hacemos a ustedes un llamado a rechazar la metodología propuesta por la Agencia de la Calidad, de modo tal que se opte por una multinivel, similar a la que en la actualidad utilizan la UNESCO y la OCDE (entre otros) en sus estudios. Llamamos asimismo a eliminar las distorsiones que se están proponiendo en los extremos de valores Simce, y a tomar en consideración la presencia o ausencia de procedimientos de descreme académico.

Proponemos, asimismo, que el primer ejercicio de rankeo se efectúe a nivel piloto y sin consecuencias. Cometer un error en esta materia puede generar daños difícilmente recuperables en el sistema educativo.

Educación 2020 les saluda muy atentamente y queda a vuestra entera disposición.

 

 

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