Por qué es bueno que niños y niñas asistan al jardín infantil

06 Mayo
Por qué es bueno que niños y niñas asistan al jardín infantil

En el jardín infantil niños y niñas no sólo aprenden a vivir con otros, sino que especialmente a compartir con ellos, cuestión que por cierto no es nada fácil a los 2 a 4 años, cuando están comenzando a reafirmar su identidad y una posición en el mundo.

 

Claudia Saavedra Norambuena, Trabajadora Social. Magíster en Políticas Públicas, Infancia y Familia (UDP). Miembro de Centro de Liderazgo Educativo de Educación 2020

Acciones como levantar la mano para opinar o preguntar, compartir y jugar con otros niños, tolerar la frustración, esperar el turno, respetar lo que otros piensan y ofrecerse para ayudar en alguna actividad, pueden resultarnos extremadamente simples, pero todas requieren de un aprendizaje que obtuvimos siendo pequeños y que impactarán durante toda nuestra vida adulta.

A lo largo de su desarrollo, niños y niñas tienen distintas necesidades. Durante los primeros dos años de vida, estas necesidades están vinculadas especialmente a la contención y regulación emocional que la madre, padre o cuidador/a puedan transmitirle en sus acciones cotidianas, complementando el gusto por la exploración con la provisión de seguridad emocional que el niño/a requiere para salir a conocer el mundo con confianza. Es esa salida a conocer el resto del mundo, la que se inicia con la asistencia a un jardín infantil, la que nos preocupa a madres y padres y nos cuestionamos sobre las personas que conocerá, si lo tratarán bien y si podrá estar solo o sola ese tiempo sin nosotros. Es cierto, al principio le costará, pero ¡lo logrará!

A medida que niños y niñas crecen van ampliando espontáneamente su espacio de indagación y conocimiento. Especialmente a partir de los 2 años, el juego y la exploración se convertirán en el principal mecanismo de aprendizaje, ayudándole a ampliar sus experiencias y saberes, probando, ensayando, errando y acertando. Es precisamente ese proceso el que gatilla la importancia de complementar y potenciar en otros espacios los aprendizajes que se pueden obtener en casa.

Las neurociencias han demostrado que, si bien el cerebro humano es plástico y aprendemos durante toda la vida, es especialmente durante los primeros años donde las ventanas de oportunidades permiten captar más información y desarrollar decodificaciones que impactarán hasta nuestra vida adulta. De ahí la importancia de contar con un adecuado espacio de estimulación en distintos ámbitos (desarrollo del lenguaje, desarrollo socioemocional, matemático, artístico y visual), haciendo la diferencia en el desarrollo integral de niños y niñas. El espacio y las actividades que se generan en el jardín infantil abren a nuestros hijos múltiples posibilidades de conocimiento presente y futuro.

En el jardín infantil niños y niñas no sólo aprenden a vivir con otros, sino que especialmente a compartir con ellos, cuestión que por cierto no es nada fácil a los 2 a 4 años, cuando están comenzando a reafirmar su identidad y una posición en el mundo. El jardín infantil posibilita que desarrollen la capacidad de convivir con otros y respetarlos. Sin duda un gran aprendizaje.

La experimentación y el juego que se produce en el espacio del jardín infantil, les permite profundizar en las aproximaciones a un lenguaje oral más complejo, ampliando su vocabulario y acercándose a nociones matemáticas y físicas que después serán indispensables para procesos más complejos y claves para las habilidades requeridas en la escuela. El impacto de la asistencia a un jardín infantil puede observarse desde la enseñanza básica hasta la educación superior.

El desarrollo del vocabulario de un niño que asiste a un jardín versus el que no lo hace es realmente significativo, haciendo una gran diferencia no sólo en su capacidad de expresarse oralmente, sino también en su capacidad de comprensión, que se amplía considerablemente al conocer y utilizar más palabras.

Una de las razones que lo explica es que en casa, las madres, padres o persona que cuida de los niños entiende perfectamente su lenguaje no verbal, haciendo que el niño obtenga lo que demanda aún sin necesidad de expresarlo verbalmente, basta con que diga “ehh- ehh” y le damos lo que pide o le alcancemos su juguete preferido. En el jardín, en cambio, deberá hacer un esfuerzo para trasmitir a otro su idea y así conseguir lo que requiere.

En una sociedad como la nuestra, donde mamá y papá trabajan muchas horas, llegando cansados a casa, con poco tiempo para el “regaloneo”, y donde muchas veces la televisión se convierte en el principal estímulo, niños y niñas requieren de un espacio de contención, estimulación, exploración y aprendizaje compartido que sólo el jardín infantil puede ofrecer.

El jardín infantil, y especialmente las educadoras de párvulos, técnicos y asistentes de sala, cumplen así un importante rol en el desarrollo cognitivo, psicomotor y socioemocional de niños y niñas, ya que posibilitan un tránsito armonioso entre la autonomía y la contención que todo niño/a requiere para sentirse seguro en un espacio que le es nuevo. Desafiante tarea, ya que educar no es sólo transmitir información, mucho menos en esta etapa de la vida.

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