La primera cuenta pública: Los niños, las niñas y la educación inicial

28 Mayo
La primera cuenta pública: Los niños, las niñas y la educación inicial

No puede ser posible que en la actualidad sea más fácil abrir un jardín infantil que una botillería, por lo que es indispensable contar con una ley que exija el cumplimiento de criterios comunes de instalación y funcionamiento a todos los establecimientos que impartan educación parvularia, junto a una efectiva fiscalización.

Por Catalina Estévez, investigadora del área de Política Educativa de Educación 2020.

Finalmente llegó la tan esperada primera cuenta pública de este gobierno.La Presidenta dio a conocer la carta de navegación que utilizará en este cambio de rumbo a un nuevo modelo educativo. Se busca reivindicar a la educación como un bien social y dejar atrás la visión de mercado que se había instalado en nuestro país tras la dictadura.

La conciencia sobre la importancia de la educación inicial en el desarrollo cognitivo y emocional de las niñas y niños es un tema que sin lugar a dudas se enraizó en el discurso político de todos los sectores, lo que es tremendamente positivo desde la vereda que se mire.

En el discurso de este 21 de mayo el énfasis, de las medidas anunciadas para educación parvularia – presente en la Hoja de Ruta de Educación 2020- estuvo puesto en la cobertura: la creación de 4500 salas cuna que busca incorporar a 90 mil niños de 0 a 2 años de edad y la habilitación de 1200 salas en jardines infantiles, para que puedan asistir 34 mil niños de 2 a 4 años.

Es un avance, pero el acento en la ampliación de cobertura está puesto en el lado equivocado. Lo apropiado sería centrar los esfuerzos y el financiamiento en más cupos para los niveles medios, porque es en esta etapa donde, según diversos estudios, una educación de calidad puede tener un impacto significativo en el desarrollo de un niño y contribuir enormemente a reducir las desigualdades que nuestro sistema altamente segregado genera en los más vulnerables.

Este aumento de cobertura necesariamente debe ir acompañado de mayor calidad.No podemos replicar lo que ocurrió en educación escolar, que cuando se dispusieron a aumentar su cobertura se olvidaron de que fuese de calidad.

Tampoco queremos que las salas cunas y jardines que se habiliten terminen funcionando como simples guarderías, por el contrario, deben cumplir con la función de proveer una educación inicial de excelencia, que sea inclusiva y equitativa.

El discurso presidencial hizo someramente referencia a la formación de las y los educadores y técnicos, un punto de inflexión en la mejora de la calidad. Pero esperamos que se aborde en profundidad prontamente y se haga cargo de la necesidad de contar con un nuevo y riguroso sistema de acreditación a instituciones y carreras de educación parvularia, y de una carrera docente para las y los educadores que trabajen en todos los establecimientos que reciban subvención del Estado y, que por supuesto, contemple mejores condiciones laborales.

Con todo, una cosa es clara, y es que aumentar cobertura y calidad va a significar una alta demanda de buenos educadores por lo que urge tomar acciones con premura, pero con un enfoque orientado al mediano y largo plazo.

Este miércoles la presidenta volvió a referirse a la necesidad de cambiar el decreto que fija el número de profesionales que debe existir por grupo de niños. Esperamos que en esta materia haya un salto sustantivo y poder acercarnos más a los estándares recomendados por la OCDE.

Pero también hay otros criterios que se requieren regular como el tamaño de los grupos de niños, el espacio físico mínimo, la infraestructura y mobiliario, entre otros.

No puede ser posible que en la actualidad sea más fácil abrir un jardín infantil que una botillería, por lo que es indispensable contar con una ley que exija el cumplimiento de criterios comunes de instalación y funcionamiento a todos los establecimientos que impartan educación parvularia, junto a una efectiva fiscalización.

En este sentido son sumamente importantes los anuncios hechos el día lunes sobre la creación de una Subsecretaría de Educación Inicial que diseñe, gestione las políticas públicas y ordene la difusa institucionalidad que existe en este nivel educativo, y la creación de una Intendencia de Educación Parvularia en la Superintendencia de Educación Parvularia, Básica y Media que se encargue de fiscalizar a toda la oferta pública y privada.

Por cierto quedan muchos temas pendientes, fuera del discurso y fuera de esta columna, que son de relevancia, pero no significa que queden exentos de esta gran reforma.

Todos los actores debemos trabajar para generar y facilitar los cambios que se necesitan, ya sea desde la academia, desde el gremio, desde la sociedad civil, desde el estudiantado y desde la política, pero a partir del diálogo constructivo y la participación.

Esto está recién comenzando, aún queda mucho por hacer y seguramente debatir, pero tenemos un gran punto a favor, y es que todos buscamos lo mismo: una educación inicial de calidad para todos los niños y niñas sin importar su condición socioeconómica, su género, su origen étnico, su nacionalidad, sus capacidades, su religión o cultura.

No hay excusa ni perdón para no avanzar decidida y rápidamente en esta dirección.Es la única manera de garantizar igualdad de oportunidades para todos.

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